José Revueltas y su Ensayo sobre un proletariado sin Cabeza

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Por Pablo Oprinari

Adelantamos un fragmento del libro José Revueltas, un intelectual incómodo. Análisis crítico de Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, que la editorial Armas de la Crítica publicará próximamente. Lo que aquí presentamos es parte del Capítulo I, “José Revueltas en su tiempo”, y presenta algunos aspectos de la evolución política e intelectual de Revueltas, en particular a partir de su última ruptura con el Partido Comunista Mexicano.

José Revueltas fue una personalidad eminentemente política, y él mismo no concebía su literatura separada de su compromiso militante, el cual le valió varios periodos en la cárcel; para 1935, a la temprana edad de 21 años, ya había pasado en tres ocasiones por la prisión, dos de ellas en las lejanas Islas Marías. Posteriormente a la masacre de Plaza Tlatelolco, fue detenido el 16 de noviembre de 1968 y apresado en la cárcel de Lecumberri hasta el 13 de mayo de 1971, fecha en que fue liberado sin ser exonerado de sus cargos, y salió de su encierro con una dolencia en el páncreas que le terminó causando la muerte. Su evolución política lo llevó de ser un ferviente militante del Partido Comunista y de participar en otras formaciones estalinistas como el Partido Popular de Vicente Lombardo, a romper con estos y desarrollar un cuestionamiento, complejo y profundo, de muchas de las tesis políticas de su antigua corriente.

Después de su segunda expulsión del Partido Comunista en 1960 ─que tuvo como antecedente la elaboración por parte de Revueltas de un balance propio en torno a la huelga de los trabajadores ferrocarrileros de 1959─, el 4 de septiembre de ese año, Revueltas y sus compañeros fundaron la Liga Leninista Espartaco (LLE), y comenzaron a editar la revista Espartaco.

El Ensayo… una ruptura sin retorno

Con la última salida del PCM se puede identificar un punto de inflexión en su biografía intelectual y política. Fue en ese período en que escribió Ensayo sobre un proletariado sin cabeza (1962), en el cual desplegó una crítica más radical de sus anteriores organizaciones y desarrolló un original análisis teórico y socio─histórico de las clases fundamentales de la sociedad contemporánea. A partir de entonces, inició un camino que lo acercó a otras tradiciones políticas e intelectuales distintas a las organizaciones de las que provenía. Este camino estuvo marcado por la expulsión de la organización que él mismo fundó, la Liga Leninista Espartaco: los limites en la delimitación de esta organización respecto al estalinismo los planteaba Manuel Aguilar Mora cuando relata, en referencia a la presentación pública de la misma que “¡Cuánta justicia y verdad reflejaban sus posiciones sobre la política represiva del gobierno priista de López Mateos que en 1960 había roto la huelga ferrocarrilera haciendo intervenir al ejército en las instalaciones de la empresa, encarcelando a miles de trabajadores, comenzando por su líder sindical, Demetrio Vallejo! Pero, en cambio, cuan lamentable aparecían Eduardo (Lizalde, también fundador de la LLE, N. del A.) y él cuando intentaban ser más `papistas que el Papa` y se hacían pasar como los auténticos seguidores del Partido Comunista de la Unión Soviética. Querían demostrar que el PCM no se desestalinizaba e incluso reincidían en los clásicos ataques calumniosos contra el movimiento trotskista[i].

Fue este también el periodo en que escribió Los errores (1964), para muchos su obra literaria más lograda, donde profundiza la crítica del dogmatismo y el burocratismo existente en el Partido Comunista.

Los ya mencionados debates claves de la izquierda mexicana en el siglo XX cruzaron y nutrieron esta obra. La misma está recorrida por la idea de que la clase obrera es un sujeto sin cabeza, esto es, sin un partido propio –entendiendo esta última noción como un partido inserto y vinculado orgánicamente al movimiento obrero– que expresara la existencia de una conciencia de los intereses de clase del proletariado. Esta carencia –la falta de la independencia de clase─ estaba relacionada con la dominación construida por la burguesía gobernante, donde la legitimación de aquella se hizo bajo la apariencia de un Estado sin contenido de clase, que cristalizó en la idea de “la revolución hecha gobierno”, lo cual fue inseparable del proceso de cooptación política e ideológica del movimiento de masas y de sus organizaciones.

En el Ensayo el autor buscó realizar un análisis marxista de la génesis del régimen político posrevolucionario y de sus características, a la vez que pretendió establecer un posicionamiento independiente frente a la burguesía nativa, evaluando críticamente la actitud propiciada por las formaciones políticas estalinistas en las que participó en los años previos[ii]. El nudo de su crítica apuntaba a que las mismas se limitaron a ser, como él lo llamaba, la ideología obrera de la revolución democrático burguesa, y resultaron cómplices de la enajenación de la conciencia de clase del proletariado.

El Ensayo lo transformó en una suerte de hereje para la ortodoxia estalinista, ya que cuestionaba lo hecho por el Partido Comunista de México desde sus orígenes. El propio Revueltas cuenta que en su viaje a Cuba en 1961, Vittorio Vidalli –el “Comandante Carlos”, agente de la GPU en México y uno de los principales operadores de Moscú desde 1930 en América Latina y España– lo presionó para que no publicase su Ensayo sobre un proletariado sin cabeza ya que lo iba a confrontar con el “movimiento comunista internacional”[iii].

A la vez confrontaba aspectos claves de los relatos del “nacionalismo revolucionario” y del estalinismo respecto a la Revolución de 1910 y postulaba que los gobiernos emergidos de la misma tuvieron consecuencias nefastas sobre la conciencia obrera, impidiendo su independencia política. Afirmaba allí: “En México se produce un fenómeno del que difícilmente puede darse un paralelo… la conciencia de la clase obrera ha permanecido enajenada a ideologías extrañas a su clase, y en particular a la ideología democrático burguesa, desde hace más de cincuenta años, sin que hasta la fecha haya podido conquistar su independencia.” Revueltas criticaba aquí la subordinación política e ideológica de las organizaciones del movimiento obrero respecto de los llamados gobiernos revolucionarios, y lo consideraba el problema fundamental. Continuaba el autor: “… O sea, su enajenación ha terminado por convertirse en una enajenación histórica. Esto quiere decir que aún aquello que aparece en México como ideología proletaria no constituye otra cosa que una deformación de la conciencia obrera, una variante sui generis de la ideología democrático-burguesa dominante. La clase obrera mexicana, de este modo, se proyecta en la historia de los últimos cincuenta años del país como un proletariado sin cabeza, o que tiene sobre sus hombros una cabeza que no es la suya[iv].”

Esta elaboración de Revueltas tuvo gran trascendencia. Desde los años ‘30, solo los trotskistas ─cuyas organizaciones decrecieron durante las décadas del ‘40 y ‘50 hasta casi desaparecer y se recuperaron a partir de 1958 y 1959─ osaron cuestionar la dominación del partido de gobierno sobre las organizaciones obreras, en tanto que la mayoría de la izquierda se afanaba por encontrar el carácter “progresista” de la burguesía nacional y en presionarla para que fuese hasta el final en la “revolución democrático-burguesa inconclusa”.

Revueltas polemizó con el PCM, que consideraba que la burguesía nacional siempre jugaba un rol progresivo y que la clase obrera debía ir a su rastra en un bloque antiimperialista y democrático: “…se esfuerzan por presentar dichas contradicciones (entre la burguesía y el imperialismo, N. del A.) como si se trataran de contradicciones absolutas y antagónicas. .. la burguesía aparece entonces como una clase revolucionaria y cuando no se conduce revolucionariamente esto se atribuye al hecho de que no puede serlo, a pesar de sus buenas intenciones, lo que debe obligar al proletariado a sacrificarse y a no crearle al gobierno ningún género de dificultades[v]. Y, cuando no podía negar el carácter reaccionario de la burguesía en el gobierno, el PCM realizaba una trampa teórica, identificando al gobierno con los sectores pro-imperialistas de la burguesía, para propugnar la alianza del proletariado con la burguesía nacional “opositora” contra el gobierno “reaccionario”. Explicando la política del “nacionalismo revolucionario”, Revueltas planteó la dialéctica entre las medidas progresivas que pudiera tomar un gobierno burgués[vi] y que pueden tener efectos negativos para el proletariado si se utilizan en menoscabo de su independencia de clase; y cómo determinadas medidas reaccionarias, aunque en lo inmediato golpeen al proletariado, pueden permitirle a la larga visualizar mejor a su enemigo de clase en el gobierno.

Y concluía diciendo “Conforme a los ideólogos de la enajenación, el desiderátum de la clase obrera se resuelve, cada vez, en el hecho de que las masas trabajadoras “apoyen” a los gobiernos progresistas o “combatan” a los gobiernos reaccionarios, pero sin que en ningún momento la propia clase obrera esté en condiciones de poder tomar conciencia de su propia perspectiva histórica como clase independiente, que debe colocarse, por imperativo del desarrollo, a la cabeza del proceso social”[vii].

Controversias sobre Trotsky

Una de las cuestiones debatidas respecto a su biografía, pertinente si de lo que se trata es de analizar su perspectiva intelectual, es su actitud frente al pensamiento de León Trotsky, el principal referente de la corriente marxista enfrentada con el estalinismo durante gran parte del siglo XX y que, como resultado de su exilio en el México cardenista, fue testigo y participante de un corto pero importante periodo histórico, de 1937 a 1940.

Es sabido que Revueltas, durante su periodo de pertenencia al Partido Comunista, aceptó la profesión de fe anti trotskista de su organización[viii]. El PCM tuvo una íntima vinculación con la dirección comunista internacional y fue sujeto de numerosas purgas que suponían expulsiones de militantes y dirigentes de dicha organización; esto se acrecentó a fines de la década de 1930, cuando la llegada a Coyoacán del ex líder del Ejército Rojo hizo que la evolución del PCM se convirtiera en un asunto de estado para Stalin, particularmente en cuanto a su preocupación por contar con una base de apoyo nativa y dócil para organizar la desaparición física de su enemigo político. Sin embargo, tanto los posibles vínculos que el joven Revueltas habría establecido con los primeros oposicionistas mexicanos, como su evolución política e intelectual posterior a 1960, han alimentado distintas controversias. Olivia Gall, por ejemplo, en su obra Trotsky en México, recoge la información de que en los inicios de su militancia, Revueltas habría formado parte del primer núcleo de oposición pro trotskista –encabezado por el ya mencionado Manuel Rodríguez–, en el seno del PCM. Esto lo fundamenta citando al propio Rodríguez, junto a la publicación oficial de Socorro Rojo Internacional, que decía por ejemplo “En 1929 José Revueltas comenzó con sus actividades juveniles revolucionarias como simpatizante de la Federación Juvenil Comunista. (…) Entonces surgió el trotskismo entre muchos miembros de la FJC entre los que fue arrestado Revueltas, concurriendo a sus sesiones y dedicándose a leer a Trotsky. Siguió sus actividades, cayendo preso numerosas veces, hasta que fue recluido por cerca de ocho meses en el Tribunal de Menores (…). A su salida renegó del trotskismo.[ix].  Y también a la documentación privada del propio Trotsky que se encuentra en Harvard y que fue abierta en 1980[x]. Como cita la autora, “Pierre Broué encontró la confirmación del paso de Revueltas por la Oposición de Izquierda en la parte de los documentos de Trotsky abierta en 1980; una carta del trotskista estadounidense Abern a Trotsky, fechada el 30 de marzo de 1930: ‘El camarada Negrete de México ha sido arrestado y encarcelado. Incluyo aquí la nueva dirección de los camaradas mexicanos: José Revueltas, Pescaditos 20, México, D.F’”. Según esta hipótesis Revueltas adhirió al primer núcleo trotskista aunque como se sabe finalmente no abandonó el PCM junto al grupo de Rodríguez. Jorge Fuentes Morúa en cambio, sostiene que, aunque está documentado que Revueltas conoció a militantes que se enrolaron en la Oposición de Izquierda Internacional y aquél confesó haberse sentido atraído por las ideas de Trotsky en sus inicios en Socorro Rojo, no puede aseverarse a ciencia cierta que habría sido parte del primer núcleo de oposición trotskista[xi]. Sin embargo, la evidencia parecería señalar la certeza de la hipótesis de Gall y otros autores respecto al acercamiento del joven Revueltas a los trotskistas en los inicios de su militancia política.

Otro aspecto de esta controvertida relación refiere a su última ruptura con el PCM y el curso posterior que adoptó en el segundo lustro de la década de 1960, que constituye uno de los períodos más ricos de la elaboración de Revueltas. Durante esos años se acercó a distintas tradiciones teóricas, incluyendo la referenciada con Trotsky, lo cual supuso también una relación política e intelectual con los trotskistas mexicanos.

En el periodo de la publicación de Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, Revueltas -como ya vimos en el texto citado de Manuel Aguilar Mora─ todavía manifestaba cierta hostilidad hacia las ideas trotskistas, que en el Ensayo se expresaba más bien en invisibilizarlas y no considerarlas como parte de lo que él denominaba el “movimiento socialista de nuestro país”, el cual restringía a “tres posiciones características que se producen en el campo de lo que podemos considerar el movimiento socialista de nuestro país… a) la del Partido Comunista Mexicano; b) la del Frente Obrero … y c) la de Vicente Lombardo Toledano[xii]. En 1967 escribió “La guerra fría entre las potencias socialistas: parte del contexto de la tercera guerra mundial”, que adquirió importancia en su obra porque cuestionaba las tesis clásicas del estalinismo y rendía tributo abierto a varias de las ideas fundamentales del exiliado ruso, al afirmar, en el contexto de su análisis sobre el estalinismo, que “Sólo hay un calificativo con el que le resulta a Stalin imposible en absoluto caracterizar la tendencia de Trotsky, pero que en realidad, también, es el único que le corresponde y que merece: el calificativo de leninista, la tendencia que de no haber muerto, Lenin mismo sin duda representaría dentro de las nuevas circunstancias históricas[xiii].

En el contexto del movimiento de 1968 (en el cual participó a través primero del Comité de Intelectuales, Escritores y Artistas y luego del Comité de Huelga de la Facultad de Filosofía y Letras), se acercó a los trotskistas que, provenientes de la Liga Obrera Marxista, fundaron el Grupo Comunista Internacionalista (GCI), luego Liga Comunista Internacionalista (LCI). Tanto Manuel Aguilar Mora –integrante de aquella organización– como Andrea Revueltas –editora de las obras completas de su padre–, sostuvieron que participó en algunas de las reuniones que llevaron a la creación del GCI, incluyendo el impulso a un Movimiento Comunista Internacionalista, donde confluían distintos sectores, incluyendo los trotskistas y que fue truncado por la represión y la ocupación de Ciudad Universitaria. Desde la cárcel de Lecumberri, en su carácter de preso político, declaró su pertenencia al GCI y envió una carta al congreso mundial realizado por uno de los sectores que se autodenominaban la IV Internacional, aunque con el correr de los años aparecieron las discrepancias teóricas[xiv].

Fuentes Morúa sostiene la hipótesis de que dicho acercamiento no se trataba de un enrolamiento de Revueltas en el trotskismo, sino que éste, a la vez que consideraba atinadas algunas de las tesis del revolucionario ruso, pretendía integrar a distintas tendencias políticas e intelectuales en un proyecto superior, lo cual estaba vinculado a su búsqueda de construir una organización que él identificaba con el concepto de “democracia cognoscitiva”[xv]. Carlos Sevilla, por su parte, compañero de Revueltas en Lecumberri y militante trotskista, planteó que “Revueltas se hizo trotskista no de corazón, sino sólo un simpatizante[xvi]. Efectivamente, sería aventurado considerar que el duranguense se identificaba con el conjunto de la perspectiva estratégica del trotskismo; pero, al mismo tiempo, es innegable que durante los años 60 realizó una genuina evolución teórica y política que lo llevó a acercarse a la principal corriente anti-estalinista a nivel internacional y nacional.

Con posterioridad, según Manuel Aguilar Mora, “las diferencias nos fueron separando. La principal fue la cuestión organizativa. José iniciaba en esas fechas una crítica a la concepción de la organización leninista que lo conduciría al cuestionamiento completo del partido revolucionario como vanguardia en la lucha de clases. Sin poder desarrollar bien a bien sus ideas, Revueltas consideraba este tema el más importante, para tratarlo en sus años últimos. Antes de morir quería preparar una nueva edición del Ensayo, con una introducción crítica en la cual haría la reevaluación del concepto del partido leninista. Como otras tareas e ideas en proceso de gestación, también en esta cuestión Pepe se llevó a la tumba el conjunto de reflexiones al respecto.[xvii].

Así fue como, durante los años ´70 y según plantean distintos autores, Revueltas inició una revisión crítica de su propia adscripción al leninismo y en particular a su teoría del partido. Esto lo habría distanciado de las distintas corrientes que se reivindicaban leninistas en México (incluyendo a los trotskistas), cuestión que fue truncada por su propia muerte, aunque quedó expresada en distintos trabajos y cartas, como fue en particular el anuncio de un nuevo prólogo para la obra que estamos considerando[xviii].

Como fundamentaremos en los capítulos siguientes, el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza y sus elaboraciones de esos años, que marcaron un quiebre y ruptura del pensamiento político de Revueltas respecto a la corriente de la que provenía, anticiparon el retroceso y cuestionamiento de la hegemonía estalinista en la izquierda mexicana, que se hizo evidente desde 1968, al calor de los nuevos procesos de la lucha de clases en México y el  mundo.

[i]               Aguilar Mora, M. (1989). Huellas del porvenir 1968-1988. México D.F.:Juan Pablos Editor. p. 219.

[ii]     Aquí no repetiremos el conjunto de los planteos que respecto a esta cuestión formuló Revueltas en el Ensayo y sobre los que luego trataremos. Pero queremos mencionar, por ejemplo, su crítica a la actitud sectaria del PCM en los años ´20 frente al anarcosindicalismo, el cual, sostenía el autor, expresaba una tendencia a la independencia de clase frente a la burguesía “revolucionaria” en el gobierno, que los comunistas habrían debido desarrollar.

[iii]       [iii] Revueltas, J. (1984). Escritos políticos III. México D.F.: Era. pp. 215-217.

[iv]       [iv]Revueltas, J.(1980). Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. México D.F.: Era. p.75.

[v]        [v]Revueltas, J. (1980). Op.cit. p.76.

[vi]    Este debate estaba centrado en torno a los “gobiernos de la revolución” de esos años, en particular de Adolfo López Mateos.

[vii]      [vii]Revueltas, J. (1980). Op.cit. p.87-88.

[viii]     [viii]Como era costumbre, cada disputa interna encontraba su “principio de autoridad” en la acusación de “trotskista” al bando opuesto, como ejemplo de esto ver la siguiente frase de nuestro autor, de los años previos a su última ruptura: “Un partido de la clase obrera debe ser un partido de férrea disciplina y de inquebrantable unidad. No debe tolerar en su seno agentes de la contrarrevolución burguesa, enemigos de la URSS, trotskistas ni provocadores. Durante los últimos tiempos, amparados por un grupo fraccionalista traidor representado por V. Guerra, A. Ramírez, M. Lobato, se colaron al Partido Comunista Mexicano elementos corrompidos, oportunistas, trotskistas, almazanistas y masones, que quebrantaron la disciplina del partido, atentaron contra su unidad y verificaron labor de espionaje”, en Revueltas J. (1984). Escritos políticos I. México D.F.: Era. p. 26. Después, como solía suceder en los políticamente degenerados partidos estalinistas, Revueltas fue víctima de acusaciones similares a las que él formuló, en cada una de las confrontaciones  sobre cuestiones políticas y estéticas que tuvo con la dirección del PCM.

[ix]    Defensa Roja, núm. 9, diciembre de 1934, citado por Gall, O. (1991).  Trotsky en México, México D.F.: Era. p. 56.

[x]     Trotsky’s Papers, bms RUS 13-1, 6. Houghton Library, Harvard University citado por Gall O. (1991). Op. cit.. p. 56.

[xi]    Fuentes Morúa, J. (2001). José Revueltas una biografía intelectual, México D.F.:Miguel Angel Porrua-UAMI. pp. 78-84.

[xii]      [xii]Revueltas, J. (1980). Op.cit.  p. 95.

[xiii]   Revueltas, J. (1984). Escritos políticos III. México D.F.: Era. p.175 y ss.

[xiv]   Fuentes Morúa J. (2001). Op. cit., pp. 110 y 111.

[xv]    Fuentes Morúa J. (2001). Op.cit. p. 114.

[xvi]   Citado en Ruiz Abreu, A. (1992). José Revueltas: Los muros de la Utopia. México D.F.:Cal y Arena – UAMX.. p. 408.

[xvii]  Aguilar Mora, M.  (1989). op. cit., pp. 220-221.

[xviii]  Ver el prólogo mencionado a Revueltas, J. (1980). Op.cit. pp. 29-31.

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