Syriza, Podemos y la emergencia de un nuevo reformismo

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Josefina Martínez y Diego Lotito

La llegada de Syriza al gobierno de Grecia, junto al meteórico ascenso electoral de Podemos en el Estado español, han generado grandes expectativas en millones de trabajadores y sectores populares, que buscan terminar con las políticas de recortes y ajustes en los países del sur de Europa. Son nuevos fenómenos políticos reformistas que no se veían desde hace décadas en el viejo continente.

En Europa la crisis ha generado una fuerte polarización política, por derecha y por izquierda del “centro” tradicional que hegemonizaban socialdemócratas, liberales y conservadores. En países del norte, partidos de derecha, xenófobos y euroescépticos ganaron las últimas elecciones europeas, mientras en Grecia y el Estado español crecen las formaciones reformistas a la izquierda de la socialdemocracia.

Las causas profundas que abrieron esta nueva situación se encuentran en la crisis económica, con sus graves consecuencias sociales, la crisis política de los regímenes bipartidistas y, finalmente, el desarrollo de un fuerte ciclo de movilización social frente a la crisis. Esta movilización social, sin embargo, fue insuficiente hasta ahora para derrotar las políticas de los gobiernos y la Troika, en lo que colaboró decisivamente el rol de las burocracias sindicales.

El descontento se canalizó por la vía electoral, con el crecimiento de Syriza desde 2012 y la emergencia de Podemos, como contracara de la crisis de la socialdemocracia, que en las décadas anteriores se volvió abiertamente “social liberal”, un elemento clave para comprender el cambio en el tablero político, abriéndose un espacio para la emergencia de nuevos fenómenos a su izquierda. (Josefina, 2014).

Grecia, del “gobierno de izquierdas” al gobierno “anti austeridad”

Desde el año 2012, las proyecciones electorales de Syriza fueron crecieron de forma inversamente proporcional a la radicalidad de su programa. Tsipras fue suavizando sus propuestas, presentadas en reuniones con miembros del establishment financiero y de otros gobiernos. Después del triunfo electoral, Tsipras formó un gobierno de coalición con el partido Anel (Griegos Independientes), un partido nacionalista de derecha y xenófobo.

En un artículo publicado al día siguiente del triunfo, Stathis Kouvelakis, integrante de la “Plataforma de izquierda” de Syriza, dijo que la participación en el gobierno de Anel, aunque fuera con un solo ministerio, marcaría “el fin simbólico de la idea de un gobierno de izquierda anti austeridad”.

La inclusión de Griegos Independientes se produjo nada menos que en el estratégico ministerio de Defensa, máximo control civil de las fuerzas armadas de Grecia. El fin simbólico del “gobierno de izquierdas” dio paso a un gobierno basado en el eje “anti austeridad”, en alianza con un partido que cuestiona la Troika y los memorándum, pero desde una posición nacionalista de derecha, con un programa que es favorable a sectores de la burguesía griega.[1]

Un argumento que se esgrimió para justificar la decisión de Syriza, es que se desplazó el eje “izquierda/derecha” hacia una confrontación “dura” entre austeridad/anti austeridad. Pero esta afirmación, además de justificar una opción política totalmente conservadora, se muestra errónea si se analiza el contenido real de la política del gobierno.

Como reconoce el propio Kouvelakis, Syriza no sólo “moderó” su discurso en lo que hace a “la dimensión de clase” (en la que nunca fue muy radical), sino que lo hizo también en la relación con la Troika, la cuestión de la deuda y la austeridad. Pasó de plantear una “auditoria de la deuda” y “dejar de pagar su parte ilegítima”, a sostener una quita parcial, una reestructuración y finalmente una refinanciación, con plazos más largos y bonos atados al crecimiento. Es decir, una política de “honrar los compromisos” contraídos y no plantear medidas “unilaterales” frente a los “socios” europeos.

El resultado preliminar de las negociaciones entre el gobierno griego y el Eurogrupo, en el cual Grecia claudicó en la defensa de casi todos los puntos de su agenda inicial para lograr una extensión del rescate, es una viva muestra de esta dinámica. (Martínez, 2015). Como dice el histórico militante comunista griego Manolis Glezos, actualmente diputado de Syriza en el Parlamento Europeo, en un demoledor artículo contra la política de los líderes de Syriza: “Cambiar el nombre de la troika por ‘instituciones’; memorándum por ‘acuerdo’ y el de los acreedores por ‘socios’, no cambia en nada la situación anterior”.

El espectro del eurocomunismo y el revival socialdemócrata

La llegada al gobierno de Syriza y la emergencia de Podemos ha reabierto debates estratégicos de la izquierda europea. ¿Es posible que una coalición de izquierda llegue por la vía parlamentaria al gobierno e inicie un proceso de transformaciones sociales que permitan una “vía democrática al socialismo”? Este interrogante marcó el debate estratégico con el eurocomunismo europeo hace casi medio siglo.

El eurocomunismo no fue una corriente homogénea de doctrinas y programas, sino una reorientación de los principales partidos comunistas europeos, desde mediados de los ‘70, para adecuarse a las condiciones de la democracia burguesa. Al mismo tiempo que se distanciaban políticamente de la burocracia de Moscú, acercándose a la doctrina de “defensa de los DDHH” impulsada por Washington, postulaban una “vía democrática al socialismo”, que llegaría después de un largo proceso de transformaciones impulsadas desde las instituciones de la democracia liberal.

En 1977 se produjo un encuentro en Madrid entre los comunistas italianos, franceses y españoles, que dio forma a este nuevo “eurocomunismo”. En el caso de Grecia, se produjo un poco antes la escisión entre el KKE pro Moscú y el KKE “del interior”, en 1968 como reacción frente a la Primavera de Praga. Este giro fue atacado, por derecha, como una operación de “camuflaje” orquestada desde Moscú; y por izquierda, como un renunciamiento a la estrategia insurreccional y una conversión al credo histórico de la socialdemocracia.

En la práctica, los partidos eurocomunistas actuaron como artífices de la recomposición de las “democracias occidentales” y garantes de su estabilidad. El caso italiano fue paradigmático, con el “compromiso histórico” de Enrico Berlinguer con los empresarios, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista para fortalecer las instituciones de la democracia capitalista italiana frente a las tentativas “totalitarias”. Mientras en el caso español, Santiago Carrillo dirigió la política de la “ruptura democrática” durante la transición, que culminó en la aceptación de la Constitución del ‘78, el retorno de la monarquía, las bases norteamericanas en la península y los pactos de la Moncloa, en función de “conquistar la democracia”.

No pretendemos debatir aquí en profundidad sobre la experiencia eurocomunista. El dato que nos interesa es que ésta viene siendo “recuperada” por los referentes de los nuevos reformismos. En un debate sobre el “populismo” realizado hace poco en el programa Fort Apache, conducido por Pablo Iglesias, el líder de Podemos y el segundo de su formación, Iñigo Errejón, hacen una reivindicación del eurocomunismo italiano en la posguerra y su “compromiso histórico” en favor de la instauración de la democracia burguesa.(Rosso, Dal Maso, 2014). Del mismo modo, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, en más de una ocasión se ha reivindicado como parte de la izquierda de “Togliatti, Berlinguer y Gramsci”. Sin lugar a dudas, la acelerada moderación política de Tsipras está haciendo un logrado homenaje a la realpolitik de los dos primeros, aunque es un verdadero deshonor para el último. A su vez, el viejo discurso eurocomunista de salir del aislamiento y del “gueto”, suena muy parecido a las permanentes referencias de los líderes de Syriza, y particularmente de Podemos, a salirse del eje “izquierda-derecha” para marcar la impronta en el proceso político.

Sin embargo, el espíritu eurocomunista regresa aún más aggiornado, después de varias décadas de “restauración burguesa” neoliberal, (Albamonte, Maielo, 2011). que implicaron un fuerte retroceso de la clase obrera mundial. Si los eurocomunistas sostenían hace 30 años que seguir hablando de revolución con las mismas ideas del pasado ya no era revolucionario, y era necesario adecuarse a las condiciones de la democracia capitalista occidental, el nuevo reformismo que expresan Syriza y Podemos, ha reducido aún más los “márgenes de lo posible” en sus objetivos estratégicos.

En el eurocomunismo de los años ’70 operó una redefinición del socialismo como una la ampliación y desarrollo de la democracia burguesa, como único camino para no caer en una concepción “totalitaria” de la sociedad, pero con la promesa de una “vía democrática al socialismo”. Los líderes de Syriza y Podemos ni siquiera se plantean el horizonte del socialismo, sino el del “estado de bienestar” y el “gobierno de la gente”. Los espectros del eurocomunismo reaparecen en Syriza y Podemos, pero como un revival socialdemócrata. Porque lo cierto es que sus líderes no se proponen “transformar la sociedad capitalista”, sino “administrarla”.

Son en todo caso las “alas izquierda” de estas formaciones quienes actualmente idealizan estos procesos, en términos de transformaciones sociales que pueden sentar la base de un incierto futuro socialista.

Laclau, Poulantzas y la vía democrática… al estado de bienestar

Una de las referencias teóricas de los dirigentes de Podemos son las elaboraciones de Ernesto Laclau y Chantal Mouffee, los teóricos del “populismo” que hicieron una lectura de Gramsci en clave “posmarxista” y post estructuralista. Mucho se ha escrito al respecto en los últimos meses. Pero más allá del exceso de retórica “populista” de los líderes de Podemos, que tienden a confundir su peso mediático-electoral con la verdadera relación de fuerzas, la realidad es que su horizonte es mucho menos “exótico” que algún tipo de “populismo made in Europe”.

Hace unas semanas Chantal Mouffe estuvo invitada en el programa “Otra vuelta de Tuerka”, entrevistada por Iglesias. Allí Mouffe sintetizó lo que considera más relevante de sus teorizaciones de hace 30 años en función del momento actual, planteando que su reformulación más importante del marxismo fue la idea de la radicalización de la democracia. Pero, advirtió, esto fue muchas veces malinterpretado, como que primero estaba la democracia liberal, después un momento de ruptura y entonces comenzaba la radicalización de la democracia. En realidad, precisó, se trata de una lucha para conseguir transformaciones sociales al interior del estado actual, no hay “momento de ruptura” ni mucho menos de revolución.

“Finalmente, lo que nosotros proponíamos era una radicalización de la socialdemocracia”, explica. Pero dice que ahora, después de 30 años de neoliberalismo, ya no está planteado “radicalizar la socialdemocracia”, sino comenzar por “recuperar los fundamentos de la socialdemocracia”, para después, si se puede, radicalizarlos.

Durante la entrevista, Chantal Mouffe dice que es un error para los movimientos sociales considerar que el estado es el enemigo, algo que tienen que “destruir” o “simplemente dejar de lado”. A lo que Iglesias responde: “Seguramente el estado es la última esperanza que les queda a los pueblos”. “Si, exactamente”, confirma Mouffe.

Iglesias vuelve sobre esta idea de que Podemos y Syriza buscan entrar al estado para transformarlo, “sobre todo porque no hay otra cosa…”, dice, y se pregunta, “¿Pero qué otro espacio político existe más que el Estado?”.

Sobre el final de la entrevista, Mouffe pone un ejemplo de lo que considera debe ser la relación entre movimientos sociales y el Estado, planteando que en México ella fue muy crítica del movimiento zapatista, por no haber llamado a votar por el centroizquierdista PRD de López Obrador. En el caso de Laclau, su apoyo explícito al kirchnerismo en Argentina es otra muestra de cómo toma cuerpo su teoría.

La perspectiva política de la dirección de Podemos, de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, no supera al horizonte socialdemócrata, en un momento donde el “sentido común” de la izquierda se ha desplazado notoriamente hacia el centro, adaptándose al retroceso de décadas de neoliberalismo.

“Tener el gobierno no es tener el poder, pero parece que es lo único que hay” sostiene Iglesias en la citada entrevista, expresando esta nueva resignación a los “estrechos márgenes de lo posible.”

En el caso de Syriza, uno de sus referentes teóricos es Nicos Poulantzas, intelectual que teorizó sobre el eurocomunismo y que fue parte del KKE “del interior”.  En su libro “Estado, poder y socialismo”, Poulantzas elaboró una teoría del estado diferenciándose de la teoría marxista de Lenin. En esa obra también se distancia de Gramsci, al que considera todavía “demasiado leninista” sobre esta cuestión. Poulantzas sostiene que Lenin se basaba en una teoría del estado “instrumental”, pensado como un “bloque monolítico”, una concepción que llevaba a una estrategia equivocada del “doble poder”, que si bien pudo funcionar en Rusia, no era posible para las “democracias modernas”. El cuestionamiento central que hace al marxismo se sitúa en la cuestión de la democracia, que ya no concibe como “la mejor envoltura de la dictadura del capital”, sino como la materialización de conquistas de las clases subalternas y su expresión, como relación de fuerzas, condensada en el Estado.

Para Poulantzas el estado no es una “fortaleza exterior” que hay que derrocar o conquistar, sino el territorio mismo de la lucha por la hegemonía. En esa lucha, el estado se puede transformar y perder su carácter capitalista, como parte de la “vía democrática al socialismo”. Para Poulantzas esta vía implica una combinación de formas parlamentarias, dentro del Estado, y formas autogestionarias, dentro y fuera de los aparatos del Estado.

Como señalamos antes, ni Pablo Iglesias ni Tsipras plantean sus objetivos en los términos de la “vía democrática al socialismo”, sino más bien como la “vía democrática al estado de bienestar”, a un “nuevo pacto social keynesiano” o socialdemócrata europeo. La teoría de Poulantzas, no obstante, resulta más atractiva para sectores del “ala izquierda” dentro de Syriza, que plantean la posibilidad de encontrar una vía alternativa a la deriva más socialdemócrata de su dirección actual, combinado “intervención en las instituciones” y “movimientos sociales”.

Democracia sin adjetivos

En un artículo publicado en 1977[2], Daniel Bensaïd cuestionaba los fundamentos teóricos y estratégicos del eurocomunismo. Con perspicacia, sostenía que sólo la ignorancia de la historia puede dar un “aire de novedad” a las ideas que se inscriben en una robusta tradición reformista. (Bensaid, 1977). Hoy deberíamos recordar esta frase al escuchar a los dirigentes de Podemos y Syriza, pero sobre todo a los integrantes de las fuerzas “anticapitalistas” en su seno, que dotan de un “aire de novedad” a estas formaciones.[3]

El eurocomunismo negaba la diferencia cualitativa entre la democracia burguesa y la democracia obrera, con la errónea concepción de esperar que una se “complemente” con la otra. Sin embargo, en la sociedad capitalista la democracia solo es aparente y la autodeterminación del pueblo es imposible.

Como afirma Bensaïd en el citado artículo, “el parlamentarismo no elimina sino que pone al desnudo el carácter innato de las repúblicas burguesas más democráticas, como órganos de opresión de clase.” Una idea en la que sigue a Lenin, cuando en su famosa polémica con Kautsky afirma que “incluso en el estado burgués más democrático, el pueblo oprimido tropieza a cada paso con la flagrante contradicción entre la igualdad formal, proclamada por la ‘democracia’ de los capitalistas, y los miles de limitaciones y subterfugios reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados…” (Lenin, 2013: 340).

Al hablar permanentemente de democracia en general, sin adjetivos, y no de democracia capitalista, las direcciones de Syriza y Podemos razonan al modo de los liberales. Su defensa del sistema político instalado en Europa occidental, empezando por la Unión Europea, y su utópica aspiración de “democratizar” estas instituciones, implica un retorno al credo socialdemócrata (o lo que es lo mismo, un eurocomunismo sin socialismo al final del camino, aunque fuera para la “tribuna”). Una democracia “pura”, es decir, una democracia sin clases, o por encima de las clases. Los líderes de Syriza y Podemos hacen un fetiche de la democracia parlamentaria y del propio Estado, una visión “estatalista” que combina la fetichización del estado capitalista actual, con un conformismo de pequeños cambios, “la miseria de lo posible”.

Hay otro fetiche que deriva de esta concepción del Estado y la democracia, del cual se nutren mucho los discursos de los líderes de Syriza y Podemos, especialmente este último: el fetiche de la “mayoría” electoral. Si tenemos la mayoría, entonces someteremos a la “casta” (o a la Troika), por medios democráticos. Pero este razonamiento chocha a cada paso con la realidad. Veamos el caso de Grecia. La mayoría del pueblo griego votó por Syriza con la promesa de que aboliría el “plan de austeridad”, una estrategia que no sólo corresponde al imperialismo alemán, sino al conjunto los estados capitalistas de la UE, la Troika y la propia oligarquía capitalista griega. Sin embargo, la ínfima minoría de parásitos aglutinados en el Eurogrupo y la Troika, han impuesto al gobierno de Tsipras que aceptara todas y cada una de sus demandas… y este las ha aceptado. Una dura demostración –para el pueblo griego- de que la “mayoría” electoral no garantiza el poder real.

Las “alas izquierda” dentro de Podemos y Syriza, y gran parte de la izquierda mundial, sostienen que es necesaria una estrategia “combinada” de llegar a las instituciones (con organizaciones reformistas) con la construcción de “poder popular desde abajo”, en los movimientos sociales. Una propuesta que abandona el camino de la movilización revolucionaria, la centralidad de la clase obrera y un programa anticapitalista, para pelear por “radicalizar la democracia”. Una estrategia de “democracia mixta”, que claudica frente los que tienen una estrategia completamente “estatalista”, como la dirección de Podemos y Syriza, al mismo tiempo que los fortalece.

Para conquistar una democracia que instituya la igualdad real entre la amplia mayoría de los trabajadores y el pueblo, es necesario poner en movimiento fuerzas sociales capaces de doblegar a los capitalistas. El camino contrario, sólo puede llevar a la desmoralización popular y la asimilación política por parte del capitalismo, una vía regia para abrir el camino a otras “soluciones”, las que vienen desde la derecha.

Independencia política de la clase obrera, sujeto hegemónico y partido revolucionario

 

En un contexto en el que se combinaron la crisis económica capitalista y la crisis de los regímenes de políticos, la mayoría de la clase trabajadora y los sectores populares de Grecia y el Estado español vienen sufriendo padecimientos inauditos. La respuesta en el terreno de la lucha de clases no fue menor.

Pero esta situación, aunque en potencia contiene la posibilidad de una irrupción radical del movimiento de masas, no ha dado lugar a una respuesta al nivel del ataque, ni se ha desarrollado en una dinámica de radicalización política. La persistencia de aparatos burocráticos en los grandes sindicatos, aunque en profunda crisis, sigue operando como un factor de contención. Otro límite, más claramente en el caso español, es la disolución de la clase trabajadora en movimientos “ciudadanos”, “populares” o “democráticos”. (Dal Maso, 2015).

En la “cosmovisión” de los nuevos fenómenos reformistas como Syriza o Podemos, se plantea la posibilidad de generar trasformaciones políticas y económicas sin la intervención de la clase trabajadora como sujeto político, sino mediante la formación de una mayoría de ciudadanos-electores. Una visión que, en la misma medida que muestra la desconfianza en la potencialidad trasformadora de la clase trabajadora y, por ende, la negación de toda posibilidad de superación del sistema capitalista, justifica la colaboración de clases con los capitalistas. (Lotito, 2014).

En este contexto, la lucha por la conquista de la independencia política de la clase obrera, su rol como sujeto hegemónico capaz de liderar al conjunto de los sectores explotados y oprimidos, y la necesidad de avanzar en la construcción de un partido marxista revolucionario,[4] son tareas fundamentales que tienen por delante las organizaciones revolucionarias de Grecia y el Estado español.

Fuentes:

Albamonte, Emilio y Maiello, Matias, En los límites de la “restauración burguesa”, Estrategia Internacional N° 27, marzo 2011.

Bensaïd, Daniel, “Eurocommunisme, autromarxisme, et bolchevisme”, Critique Communiste, Nº 18-19, oct-nov. 1977.

Dal Maso, Juan “Syriza, izquierda “nacional” y realpolitik, La Izquierda Diario, 30/01/2015. http://losgalosdeasterix.blogspot.mx/2015/01/syriza-izquierda-nacional-y-realpolitik.html

Dal Maso, Juan “Marxismo, intelectuales y clase obrera” Ideas de Izquierda Nº 16, Buenos Aires, diciembre 2014.

Lenin, Vladimir, “La revolución proletaria y el renegado Kautsky” (1918), en Obras Selectas, Ediciones IPS, Buenos Aires, 2013, p. 340.

Lotito, Diego, “Perry Anderson: “Podemos y Syriza sostienen posiciones mucho menos radicales que la derecha antisistémica”, Disponible en La Izquierda Diario, 23/12/2014. http://www.laizquierdadiario.com/Perry-Anderson-Podemos-y-Syriza-sostienen-posiciones-mucho-menos-radicales-que-la-derecha

Lotito, Diego, “Pablo Iglesias y los “pequeños y medianos empresarios, La Izquierda Diario, 2/10/2014.

Martínez,  Josefina, “De la “ilusión social” a la “ilusión política”, Ideas de Izquierda Nº 11, Buenos Aires, julio 2014.

Martínez,  Josefina, “Con fuertes concesiones, Grecia acuerda extensión del rescate con el Eurogrupo”. Disponible en  La Izquierda Diario. Consultado en 21/02/2015. http://www.laizquierdadiario.com/Con-fuertes-concesiones-Grecia-acuerda-extension-del-rescate-con-el-Eurogrupo

Rosso ,Fernando y Dal Maso, Juan PODEMOS, Gramsci y el Populismo. Consultado en  26/11/2014. http://losgalosdeasterix.blogspot.com.es

[1]  En un debate realizado en Madrid en diciembre de 2014 a propósito de los “nuevos sujetos políticos en Europa”, Perry Anderson se preguntaba “¿qué estrategia debería adoptar la izquierda en relación a la derecha?”, bajo el presupuesto de que ambos tipos de formaciones comparten una “arena antisistémica común”. Anderson sostuvo entonces, para nosotros equivocadamente, que era necesario “dialogar” con la base de los movimientos de derecha adoptando parte de su agenda. En el caso de Syriza, esta orientación se llevó al extremo de formar un gobierno común. Ver (Lotito, 2014).
[2] Daniel Bensaïd, Eurocommunisme, autromarxisme, et bolchevisme, Critique Communiste, Nº 18-19, oct-nov. 1977.

[3] Lamentablemente, el propio Bensaïd abdicó años más tarde de estas posiciones, teorizando el abandono de la “hipótesis estratégica” de la revolución proletaria, incluida la perspectiva de la dictadura del proletariado –una seña de identidad del “eurocomunismo”, e impulsando la creación de nuevos partidos amplios “anticapitalistas” que se plantearon estrategias de “radicalizar la democracia”.

[4] Para una visión integradora sobre la relación entre independencia política de la clase obrera, sujeto hegemónico y partido marxista revolucionario, ver (Dal Maso, 2014).

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