Programa de investigación sobre historia del movimiento obrero

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Bárbara Funes y Marcela Ríos

Lecciones de ayer para los trabajadores de hoy

Despidos, inflación, baja del precio del petróleo, entrega de recursos energéticos a las trasnacionales, 43 normalistas desaparecidos, mayor precarización laboral y cooptación por el narco de un sector importante de la juventud constituyen el escenario de los trabajadores en México. Algunos sectores se organizan y luchan: trabajadoras y trabajadores de la salud, de contratistas de Pemex, de la Caja de Ahorro de Telefonistas, maestros. En el mundo, los trabajadores enfrentan despidos, como en las automotrices de Brasil o en las autopartistas como Lear en Argentina.

Consideramos que ante una crisis histórica del régimen mexicano[i] en el marco de una importante crisis de la economía internacional, el equilibrio capitalista, el que hizo posible el redoblamiento de las condiciones de explotación de los trabajadores en todo el mundo, el que hizo posible que la burguesía lleve a cabo un ataque sistemático contra el ya bajo nivel de vida de la clase obrera y los sectores populares internacionalmente, se está resquebrajando.

En este contexto, cuando la lucha de clases ha vuelto a constituirse en un factor actuante en la situación internacional, es indispensable para las nuevas generaciones de trabajadoras, trabajadores y jóvenes que cuestionan la precariedad de la vida de los sectores populares, que salen a las calles, que empiezan a organizarse, que luchan, conocer y apropiarse de las lecciones de sus experiencias a lo largo de la historia.

Pero sucede que esas experiencias fueron en gran medida invisibilizadas. La historia oficial, encarnada en los libros de texto de educación básica y los programas de radio y televisión culturales, las excluye de sus episodios, sepultó las acciones obreras tras cientos de hechos que sólo dan cuenta de la acción de las clases dominantes y del campesinado. Al decir de José Revueltas:

Es de lo más significativo y sintomático, por ejemplo, que la masacre de huelguistas tranviarios de la Ciudad de México, perpetrada en 1923 por el gobierno de Obregón, no se haya estatuido como una fecha conmemorativa por el movimiento obrero mexicano, que mediatizado de modo absoluto por el reformismo democrático-burgués y por el gubernamentalismo, es un movimiento al que se le ha despojado de memoria histórica y al que, de un modo sistemático se le arrebata el recuerdo de sus héroes de clase. El hecho se explica, desde luego, por el interés que tiene la burguesía gobernante de impedir que el proletariado comparezca en las relaciones sociales como una clase independiente. (Revueltas, 1990: 208).

Por eso un primer objetivo de este trabajo es poner a la luz las principales gestas de la clase obrera, sacarlas de las bibliotecas y hemerotecas universitarias y hacerlas visibles a las nuevas generaciones de trabajadores y jóvenes que desconocen la herencia de luchas –algunas triunfantes, muchas derrotadas– que los anteceden.

Pero queremos ir un paso más allá y aportar a la creación de una nueva subjetividad de los trabajadores. Para poder combatir contra el capital hoy en mejores condiciones es vital sacar conclusiones de las luchas del pasado.

Partimos de la hipótesis de que la clase obrera mexicana en distintos momentos desarrolló importantes tendencias a la independencia política de las clases dominantes y el Estado[ii], pero careció de una dirección revolucionaria que la llevara a elevar sus luchas del terreno sindical al terreno político e internacional y que le planteara como objetivo la lucha por el poder.

En este sentido, nuestro objetivo general es analizar cada uno de esos momentos y elaborar las conclusiones sobre las condiciones que bloquearon estas tendencias a la independencia política.

Unas palabras a propósito de la historiografía sobre la clase obrera

No partimos de cero. Existe una variada historiografía sobre la clase obrera en México. En parte producida por académicos, en parte por protagonistas de luchas o por estudiosos que simpatizaban con ellos.

Una parte importante de lo elaborado sostiene la tesis de una inmadurez congénita de la clase obrera en México que la llevó a someterse a la tutela del Estado. El papel que jugaron sus direcciones queda relegado, en particular el papel del PC que tuvo la posibilidad de liderar una de las tendencias más prometedoras de independencia política de los trabajadores.

El énfasis se pone en su poco peso en la estructura social del país, y su debilidad para organizarse, y se concibe a la clase trabajadora mexicana aislada del contexto internacional. ¿Existe una relación mecánica entre la fuerza numérica de la clase obrera y su fuerza social? ¿Es mecánico el papel que pueden desempeñar los trabajadores en un proceso revolucionario?

Para los marxistas revolucionarios inscriptos en la tradición de Marx, Lenin y Trotsky, no. Existen numerosos ejemplos a lo largo del siglo xx: Rusia de 1917, China 1925-1927, España 1931-1939 (Trotsky, 1928, 1932, 1937).[iii] , entre otros. Y la clase obrera, pesar de ser minoría en países con un extenso campesinado, puso en jaque el poder monárquico-burgués, y logró derrotarlo en el caso ruso. ¿Cómo? ¿Fueron excepciones históricas? No, sino que Rusia, China, España eran países en los que convivían los elementos más adelantados del capitalismo de la época con los más atrasados: modernos centros industriales con explotación con distintas formas feudales en el campo, estaban insertos en el sistema-mundo capitalista. Es la era de la producción industrial, y los trabajadores que la llevan a cabo son sus protagonistas.

En el caso de México, la subordinación de los sindicatos al estado burgués tuvo un carácter más orgánico a partir de 1916 con Luis N. Morones como figura relevante en un Congreso obrero que se realizó en Veracruz ese año, que fue antecedente de la CROM (Confederación Regional de Obreros Mexicanos). La huelga general golpeó como un látigo al constitucionalismo liderado por Venustiano Carranza también en 1916, el 31 de julio, convocada por la Federación del Sindicato de Obreros del Distrito Federal.

Una huelga que paralizó los servicios de agua potable, energía eléctrica, tranvías, transporte, molinos de nixtamal, panaderías, tortillerías, funerarias, teléfonos, talleres y fábricas.

Pero Morones no fue el único líder de los trabajadores en esa época. La Confederación General de Trabajadores (CGT), fundada en 1921 y encabezada por la corriente anarcosindicalista y dirigentes comunistas, que protagonizó numerosas luchas obreras, fue otra. Un desafío de este programa de investigación es avanzar en el análisis de esta rama del sindicalismo.

No se pueden obviar –aun en el caso del capitalismo mexicano de inicios del siglo XX y con una clase obrera todavía en su desarrollo temprano– el peso de los eventos previos de la lucha de clases y su resultado (Cananea, Río Blanco) los factores políticos –la particularidad que asume en México el rol del anarcosindicalismo y sus limitaciones teórico-políticas– y del propio desarrollo de la subjetividad de la clase trabajadora.

Sin embargo, a partir de la década de 1930, partir de la inmadurez de la clase trabajadora como una determinación insalvable –sin considerar el peso decisivo de los factores políticos– para resolver los grandes problemas del país lleva a buscar otra fuerza social como actor central, lleva a buscar apoyo en algún ala “progresiva” de la burguesía. Lleva a la conciliación de clases entre la burguesía y el proletariado, clases que tienen intereses irreconciliables. Lleva a frenar la predisposición a la lucha de los trabajadores, a sofocarla, a que la clase obrera no confíe en sus propias fuerzas. Esto se expresó en la caracterización inicial del país como una sociedad semifeudal que realizó el PCM: por lo tanto, las tareas de la revolución burguesa debían ser encabezadas por la burguesía nacional y justificaban así la sumisión de la clase obrera a la clase dominante.

En 1936 se creó la Confederación de Trabajadores Mexicanos CTM dirigida por Vicente Lombardo Toledano, Fernando Amilpa, Jesús Yurén, Alfonzo Sánchez Madariaga y Fidel Velázquez (ex CROM), donde el PCM a pesar de contar con el enorme apoyo de la base obrera para garantizar a su candidato Miguel Velasco en la Secretaría de Organización (puesto clave en la central), cedió a las presiones de esta dirección conciliadora y retiró a su candidato para que en su lugar se postule Fidel Velázquez, viejo y conocido conciliador.

Para el IV Consejo Nacional de la CTM que tuvo lugar en abril de 1937, veintidós organizaciones sindicales que reunían unos 322,570 afiliados,(Gerardo, 2004) –un poco más de la mitad de los miembros de la CTM– dirigidos por el PCM se retiraron de la asamblea, tras denunciar la falta de democracia de Fidel Velázquez, Lombardo Toledano y sus partidarios; para, tiempo después, por política de Lázaro Cárdenas y orden de la Internacional Comunista, volver a ingresar a dicha central con la cabeza baja. Se había perdido una gran oportunidad para la clase obrera. El PCM nunca recuperó la influencia que hasta entonces había tenido entre los trabajadores.

Éste es sólo un episodio, quizá uno de los más importantes. Pero no fue el único. Década tras década se alza la gran combatividad del proletariado mexicano: las huelgas de Cananea y Río Blanco, las huelgas ferrocarrileras bajo el cardenismo y entre 1958-1959 cuando desafiaron a la dirigencia vendida que les quiso imponer el Estado, junto a las luchas de maestros, petroleros, telefonistas, aeronáuticos que, con gran creatividad, se organizaron y pusieron en jaque a los charros; los mineros de Nueva Rosita, las luchas de los setentas conocidas como la “insurgencia sindical”, con el surgimiento de coordinadoras; las heroicas costureras de 1985 fundadoras del Sindicato Independiente 19 de septiembre, que tras la tragedia del sismo se animaron a organizarse y pelear por sus derechos, y tantos más, que iremos descubriendo, admirando, cuestionando.

A pesar de la larga lista de derrotas que vivieron, los trabajadores siempre se volvieron a levantar, se volvieron a organizar, volvieron a tomar las calles y centros de trabajo, plagando nuestra historia de los últimos dos siglos de heroicas y apasionantes luchas merecedoras de ser conocidas por nuestra clase para que pueda utilizar todas sus lecciones.

Elementos para el método de investigación

A la hora de crear los hilos de continuidad entre las luchas obreras del pasado y las de hoy, para aportar al surgimiento de un movimiento obrero con independencia política del Estado y los partidos de la burguesía y el imperialismo (PRI, PAN, PRD) es necesario tomar en consideración distintos factores. Retomamos el método formulado por León Trotsky en su informe sobre la situación mundial presentado a los miembros del Partido Comunista (B) Ruso en 1921.

Allí, el gran revolucionario ruso, explicó el concepto de equilibrio capitalista. En sus propias palabras:

Después de la guerra imperialista[iv], entramos en un período revolucionario, o sea en un período durante el cual las bases del equilibrio capitalista se quiebran y caen. El equilibrio capitalista es un fenómeno complicado; el régimen capitalista construye ese equilibrio, lo rompe, lo reconstruye y lo rompe otra vez, ensanchando, de paso, los límites de su dominio. En la esfera económica, estas constantes rupturas y restauraciones del equilibrio toman la forma de crisis y booms. En la esfera de las relaciones entre clases, la ruptura del equilibrio consiste en huelgas, en lock-outs, en lucha revolucionaria. En la esfera de las relaciones entre estados, la ruptura del equilibrio es la guerra, o bien, más solapadamente, la guerra de las tarifas aduaneras, la guerra económica o bloqueo. El capitalismo posee entonces un equilibrio dinámico, el cual está siempre en proceso de ruptura o restauración. Al mismo tiempo, semejante equilibrio posee gran fuerza de resistencia; la prueba mejor que tenemos de ella es que aún existe el mundo capitalista. (Trotsky, 2010).

Retomar el método de Trotsky para analizar los distintos periodos históricos permite realizar un estudio mucho más rico e integral de la acción de la clase obrera. En este sentido, los niveles de análisis de los que partiremos son los siguientes:

  • El plano de la lucha de clases: incluye no sólo procesos de luchas, sino formas de organización y lucha de partidos e ideas en el seno de la clase obrera, el de la maduración de sectores avanzados de la clase y la formación de partidos o grupos marxistas revolucionarios, así como la política del Estado mexicano hacia los trabajadores y sus organizaciones, y la relación entre la clase obrera de México y las de Estados Unidos y de Centroamérica.
  • El plano de la economía: la relación entre la forma particular que adquiere el modo de acumulación capitalista en cada período en la economía capitalista semicolonial: que hace a las relaciones entre las clases dominantes y el imperialismo en cada momento.
  • El plano de las relaciones internacionales: la relación del Estado mexicano con otros países a lo largo de la historia, en particular con Estados Unidos.

Intelectualidad de la clase obrera

La burguesía mexicana creó en 1929 el partido a través del cual ejerció su dominación política y construyó su hegemonía sobre las clases explotadas y oprimidas, –llamado primero Partido Nacional Revolucionario (PNR), luego Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938–. El mismo llegó a nuestros días como el Partido Revolucionario Institucional (PRI), fundado con ese nombre en 1946. Durante siete décadas fue el partido de gobierno y encabezó el régimen de dominación en este país, a tal punto que el mismo fue denominado “el priato”. Un régimen al que se le conoció como “La revolución hecha gobierno”. Arturo Anguiano toma este nombre y lo define como:

Un régimen político cerrado, acaparado por lo que se llamó la familia revolucionaria –la clase política formada luego del torbellino revolucionario–, bajo un presidencialismo y un corporativismo que sometieron en forma institucional a la mayoría de la sociedad, confiscándole el derecho a la ciudadanía (lo mismo que la capacidad de acción colectiva), generalizando en cambio relaciones clientelares y patrimoniales. Un régimen autoritario poderoso que, no obstante, se caracterizó por la violencia extrema y cotidiana contra los de abajo y en particular contra toda disidencia o protesta, aunque sin llegar a asemejarse a las clásicas dictaduras militares latinoamericanas; la intolerancia sin matices y la cooptación lo distinguieron. Desechó por completo la democracia, las libertades individuales y colectivas consagradas formalmente en la Constitución, que invariablemente fueron restringidas, acotadas, vigiladas, sujetas a persecución y criminalización. (Anguiano, 2011: 37-50)

La subordinación de los sindicatos al Estado, la misma conformación de la CTM (entre otras centrales sindicales), e incluso sucesos que crearon roces con el imperialismo, como la expropiación petrolera, fueron bajo la cobertura ideológica del nacionalismo revolucionario, funcional al nuevo estado capitalista y al que numerosas organizaciones de izquierda se adaptaron.

Esta subordinación adoptó en muchos casos la forma de integración al Estado y en palabras de Anguiano eso suprimió “la autonomía de cualquier suerte de autonomía organizacional, reivindicativa o política de trabajadores, empleados, campesinos y en general de las capas sociales desposeídas de la sociedad”.  (Anguiano, 2011: 37-50)

Volviendo a la hipótesis que enunciamos al inicio de este artículo, la clase obrera en México mostró tendencias a la independencia política de la clase dominante y el Estado; no le faltó combatividad ni arrojo, le faltó una dirección revolucionaria que la elevara la lucha por el fin de toda explotación y opresión.

En el camino de forjar esa dirección revolucionaria que necesitan las y los trabajadores y la juventud ponemos nuestras humildes fuerzas al servicio de reconstruir la memoria histórica de la clase obrera mexicana.

Hoy más que nunca es necesario explicar las causas de la actual situación de la clase trabajadora desde un punto de vista histórico, político y teórico; cómo, ante la fase neoliberal iniciada en los ochentas se formaron organismos de trabajadores “antineoliberales” que eran enemigos de la independencia de clase y la democracia obrera; antes está las reformas a la ley del IMSS y el ISSSTE), cómo se llegó a la aprobación de las reformas estructurales –contando entre ellas a la reforma laboral impuesta en 2013 con el apoyo de la burocracia sindical– sin una oposición generalizada de los trabajadores en las calles.

Resulta imprescindible poder explicar el proceso de cooptación al estado de los sindicatos desde la década de 1920 –que producto de esa cooptación fungieron como gran base de la estabilidad del priato y de los gobiernos de la alternancia–, como parte de fundamentar la necesidad de democratizar los sindicatos y construir agrupaciones clasistas y combativas. Hay que explicar qué factores, qué fuerzas actuantes de la realidad, qué corrientes ideológicas, qué organizaciones políticas, impidieron que la clase trabajadora en México conquistara su independencia política.

Este trabajo tomará cuerpo en una serie de divulgación de los hitos de las luchas obreras en el periódico Tribuna Socialista, y en cuadernillos de formación marxista que harán eje en los distintos períodos en que existieron tendencias en la clase obrera a la independencia de los partidos de la burguesía y del Estado.

Quienes asumimos este apasionante desafío no somos investigadores académicos ni escritores profesionales. Somos militantes trotskistas. Nos mueve la urgencia revolucionaria de acercar a los trabajadores las armas para abatir a su verdugo: el capital. Y parte de esas armas son las lecciones de su propia historia.

Bibliografía

Anguiano, Arturo, “La Revolución hecha gobierno cien años después”, Bajo el volcán, vol. 10, núm. 16, 2011, pp. 37-50, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla.

Pélaez Ramos, Gerardo, “El inicio de la crisis del PCM (1937-1939)”  (2004)., en www.lahaine.org, consultado el 31/5/2014.

Revueltas, José, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, México, Era. 1990.

Trotsky, León, Historia de la Revolución Rusa, 1932. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/ Consultado en enero de 2015.

Trotsky, León, Escritos sobre España, 1937. Disponible en

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/spain/index.htm Consultado en enero de 2015.

Trotsky, León, Crítica al programa de la Internacional Comunista. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/indice.htm Consultado en enero de 2015.

León Trotsky: “La situación mundial” en El capitalismo y sus crisis, Buenos Aires, CEIP León Trotsky, 2010.

[i]           La definición régimen mexicano hace referencia a las instituciones gubernamentales como a las no gubernamentales (partidos políticos de la burguesía y grupos de presión) y a los funcionarios políticos que los dirigen. Se trata de la forma de la forma de gobierno y de dominación.

[ii]           Al referirnos al Estado hablamos de la unidad institucional de dominación política. En palabras de Lenin, podemos decir que el Estado es “una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra”, como explica en “Sobre el Estado”, una conferencia dictada el 11 de julio de 1919 en la Universidad Sverdlov.

[iii]          Recomendamos para estos casos históricos la lectura de las siguientes obras de León Trotsky: Historia de la Revolución Rusa, Crítica al Programa de la Internacional Comunista, Escritos sobre España.

[iv]          Se refiere a la Primera Guerra Mundial.

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