Žižek y la espera del Acontecimiento

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Notas críticas sobre Acontecimiento (Sexto Piso, 2014)

Por Emiliano Quintana

En su último libro traducido al español, el filósofo esloveno Slavoj Žižek nos invita a pensar la noción de Acontecimiento: “el efecto que parece exceder sus causas” (Žižek, 2014: 17). Noción que —como él mismo admite—, pese a estar inserta en los debates filosóficos actuales, lleva a una multiplicidad incoherente de definiciones. Imaginando un viaje en metro, el autor nos conduce parada tras parada, acontecimentalmente, hacia su comprensión como universalidad concreta en el sentido hegeliano del término. A siete años de la crisis capitalista, el libro tiene sin duda el mérito de plantear la pregunta que toda la izquierda tiene el deber de responder si no quiere hundirse en la tormenta. Así como el Comité invisible en Francia decía recientemente que la insurrección vino más no la revolución (Comité Invisible, 2014), Žižek se pregunta sobre la posibilidad de un verdadero Acontecimiento en la política:

Ahora la recesión económica y la desintegración social que la izquierda estaba esperando han llegado, y las protestas y revueltas están aflorando por todo el mundo. Pero lo que brilla por su ausencia es una respuesta coherente por parte de la izquierda a estos acontecimientos, un proyecto que permita transformar islas de resistencia caótica en un programa positivo de cambio social. (Žižek , 2014: 156)

No podríamos más que abordar acontecimentalmente el libro. Queremos mostrar algunos de sus aportes, pero también de sus límites para poder articular la inminencia de la insurrección con la posibilidad de la revolución.

  1. El libro de Žižek pone en juego la idea de Alain Badiou (o mejor aún, de Deleuze con su lógica del afuera) de que la filosofía halla su objeto en el Acontecimiento, en lo excepcional. Pero, según el autor, ésta oscila entre dos enfoques: uno trascendental y otro ontológico u óntico. El primero abordaría el marco que regula nuestro acceso a la realidad y el segundo la realidad en sí misma, su surgimiento y su despliegue. Según esta clasificación, la primera orientación filosófica desemboca en el Acontecimiento como revelación del Ser: “del horizonte de significado que determina cómo percibimos y nos relacionamos con la realidad” (Žižek, 2014:18). Este Acontecimiento, que define, redefine y enmarca, es el punto de partida del viaje. En su versión lacaniana consiste en que la Cosa disuelve el horizonte de significado, el fantasma/fantasía que sostiene la realidad, permitiendo la irrupción de lo Real. En ese momento, donde el discurso universitario se viene abajo, sólo la introducción de un nuevo Significante Maestro (Amo) da una respuesta a la catástrofe al dotarla de un nuevo horizonte simbólico[1]. Como su contraparte, el enfoque ontológico u óntico articula una noción de Acontecimiento como Caída. Es decir, como “la pérdida de una unidad y armonía primordiales que nunca existieron, que no son más que una ilusión retroactiva” (Žižek, 2015: 53). Discutiendo con el cristianismo, el Big Bang y la cosmología cuántica, el autor nos muestra el milagro del Acontecimiento; el surgimiento de lo nuevo en el desequilibrio de lo universal.
  2. Pero ambos enfoques llevan necesariamente a preguntarse sobre el sujeto. En ese plano se sitúa la discusión de lo que en el tercer capítulo es llamado “budismo naturalizado”. Žižek elabora una crítica muy aguda a la actual popularización del budismo y lo compara con la pretensión de las ciencias cognitivas por eliminar la noción del Yo como sujeto con libre albedrío en favor de los procesos neuronales “objetivos”. Si Max Weber viviera —dice— habría escrito un segundo volumen de la Ética protestante y el espíritu del capitalismo titulado La ética taoísta y el espíritu del capitalismo global (Žižek, 2014:66). Cuando la neurociencia se pone al servicio del dominio de la subjetividad, la reducción del Yo —tanto en su versión cognitivista como en la realización del Nirvana— es funcional al dominio del capital. Su verdad consiste en abandonarla al mero fluir cósico de la sociedad burguesa sin posibilidad alguna de intervenir. Ante eso Žižek piensa que renunciar al libre albedrío es echarle la culpa al Otro de la incapacidad propia de asumir una responsabilidad: “el verdadero Acontecimiento es el Acontecimiento de la subjetividad misma, por muy ilusorio que sea” (Žižek, 2014: 74).
  3. Žižek toma al pie de la letra el conocido método de Deleuze para hacer historia de la filosofía. Consiste en “concebir la historia de la filosofía como una especie de sodomía…de inmaculada concepción. Me imaginaba acercándome a un autor por la espalda y dejándole embarazado de una criatura que siendo suya sería, sin embargo, monstruosa” (Deleuze, 1999) Platón, Descartes y Hegel, cada uno representa un Acontecimiento de la siguiente tríada: Objetivo-Subjetivo-Absoluto. Platón es el Acontecimiento de la verdad; las Ideas, no ontologizadas sino acontecimentales, que aparecen en la superficie de las cosas. Descartes es la reivindicación del Yo acontecimental; la locura del cogito, “grieta en la gran cadena del Ser”, que reconstituye el mundo desde la experiencia del abismo, de su exceso en la pura negatividad. Hegel es la Acontecimiento del Absoluto, la retroactividad de la Idea que se auto utiliza en su propio devenir.

Podríamos leer esto como una tentativa de recuperar elaboraciones previas (Žižek, 2001) a la luz de los acontecimientos actuales. Pero la tematización de la subjetividad del autor no deja de ser problemática. Pese a todo Žižek se mueve dentro de lo que Jacques Derrida calificará como una de las principales aspiraciones de la filosofía en la segunda mitad del siglo XX: la dislocación del sujeto absoluto (Derrida, 2005). Pero su dislocamiento es en última instancia el efectuado por Jacques Lacan, que traspasado al plano de la política no deja de ser abstracto en tanto que dicha subjetividad está vacía en su pura negatividad. Reivindicar la primacía del cogito dislocado por la locura es progresivo contra las tentativas que pretenden anularlo, pero no es suficiente. Deberíamos aquí afirmar la subjetividad concreta, así como Emmanuel Levinas lo hacía contra Martin Heidegger: “El utensilio ha ocultado enteramente el uso y la finalidad: la satisfacción. El Dasein, según Heidegger, jamás tiene hambre” (Levinas, 1987: 153). Sin duda alguna Karl Marx también efectúa un movimiento similar al dislocar la tematización de la subjetividad del idealismo absoluto. El sujeto de clase en Marx es siempre concreto, histórico y socialmente determinado. Es el paso del “cogito al laboro; del “hombre-alma” de Descartes al “hombre-corporalidad-productiva” de Marx” (Dussel, 1982).

Y es en esa concreción que la práctica revolucionaria encuentra su posibilidad objetiva.

  1. Walter Benjamin alertaba en sus Tesis sobre la historia de la necesidad de arrancar la tradición revolucionaria de los oprimidos de las manos del conformismo, siempre presto a someterla. Para Žižek vivimos un proceso similar hoy en día, un proceso de desacontecimentalización que cada vez somete más al olvido las conquistas de la revolución burguesa, del Acontecimiento de la modernidad misma. Pronto —piensa el autor— el espacio público podría desaparecer por completo en detrimento de una expansión del espacio privado del individuo abstracto. Ante ese panorama, ¿podemos esperar aún un Acontecimiento verdadero en la política? La respuesta del autor es un quizás. En una sociedad donde las cosas no paran de cambiar para que todo permanezca igual, el auténtico Acontecimiento modifica el principio mismo del cambio. Las nociones de Acontecimiento y sujeto delineadas antes se ponen en juego. Y aquí Žižek termina con Badiou. En el Acontecimiento la subjetividad deja de estar vacía, o para decirlo con Badiou, en el proceso de verdad el sujeto es inducido al ser el soporte de la fidelidad a éste[2]. Es la contingencia que se convierte en necesidad, “que genera un principio universal que exige fidelidad y mucho esfuerzo para el nuevo Orden” (Žižek, 2014:155). El autor rechaza la idea del Gran Despertar en el cual el proletariado de repente tomaría consciencia de su situación y haría la revolución. Contra ello reivindica el proceso dialéctico en el cual se “comienza con una idea afirmativa hacia la que se esfuerza. Sin embargo en el transcurso de este esfuerzo, la idea misma sufre una profunda transformación… porque la idea misma está atrapada en el proceso, (sobre) determinada por su materialización… se impone una nueva universalidad” (p.159). Pero la pregunta que deberíamos hacer aquí es ¿cómo?

En su libro sobre el cartismo, Thomas Carlyle escribía:

Si los hombres perdieron la creencia en un Dios, su único recurso contra un No-Dios ciego, de Necesidad y de Mecanismo, contra una terrible Máquina de Vapor Mundial que los aprisione en su vientre de hierro como un monstruoso toro Falaris, sería, con o sin esperanza, la rebelión (Löwy, Sayre, 2008).

Esa es sin duda la convicción que prevalece en cualquier pensamiento preocupado por la revolución. Pues, ¿cuál es el Acontecimiento político verdadero por excelencia sino la revolución misma? No es casual que en el libro de Žižek dicha perspectiva quede desdibujada, apenas insinuada entre la multiplicidad de los Acontecimientos posibles. El autor tiene el mérito de discutir contra una visión mecánica de la historia, historia sin saltos o rupturas, sin devenir posible. Pero si en Badiou el Acontecimiento era un milagro (Bensaïd), en Žižek se convierte en espera. Pues cuando la subjetividad sólo se subjetiva y deviene sujeto en el pasaje al acto del puro Acontecimiento, ¿cómo es posible pensar en la política como estrategia?[3]

Más fundar una política en lo puramente intempestivo del Acontecimiento tampoco parece lo mejor[4]. Žižek no es tan ingenuo para pensar que la lucha por el comunismo se resuelve sola. Por ello, el correlato de su teorización en torno a los procesos de subjetivación es una impotencia en la intervención política práctica. Apenas unos años atrás pedía una Thatcher para la izquierda que cumpliera la función de Maestro. Y ha dado un apoyo cuasi acrítico a Syriza, coalición recientemente ganadora en las elecciones griegas que levanta un programa anti austeridad, más no anticapitalista. No sorprende que ante los acontecimientos de Charlie Hebdo llamara al liberalismo a tender una mano a la izquierda. (Žižek, 2015). ¡Qué lejos del verdadero Acontecimiento en la política pintan todas estas opciones! Lejos de esto, la clase —para Marx— se conforma históricamente. En sus luchas cotidianas, en sus victorias y sus derrotas. Es en esa praxis —y no sólo en los días brillantes del Acontecimiento— que se halla la posibilidad de que ésta supere la inmediatez de su conciencia, de que se haga sujeto.

La estrategia es entonces, la respuesta afirmativa al “cómo” de la política revolucionaria. Para los marxistas de tercera generación, el cambio de época que se sucedió con el advenimiento del imperialismo implicó pensar la revolución en su carácter estratégico como algo inminente. Mientras, como decíamos antes, Zizek rechaza la noción vulgarizada de un despertar – casi por generación espontánea- en la conciencia del proletariado,  León Trotsky, siguiendo a Lenin, pondera el lugar del partido como parte fundamental de la construcción de las condiciones de posibilidad de la revolución. Una organización de conspiradores que, en el seno de la clase, lejos de esperar el acontecimiento de la revolución, se prepara, con perseverancia, para su eclosión[5].

Para el marxismo con preponderancia estratégica, la clase obrera, para llegar lo mejor preparada como clase dirigente a la revolución, debe conquistar hegemonía sobre las otras clases explotadas. Ninguna clase histórica puede pasar de subalterna a dirigente a través de un Gran Despertar: “Es necesario que ya en la víspera ocupe una situación de extraordinaria independencia con respecto a la clase oficialmente dominante; más aún, es preciso que en ella se concentren las esperanzas de las clases y de las capas intermedias, descontentas con lo existente” (Trotsky, 1986:177).

La historia no es un mero tiempo “homogéneo y vacío”, es tiempo lleno, “del ahora” diría Benjamin. Pero no es en la espera, sino en esta comprensión de la política revolucionaria como estrategia, donde “se engarzan necesidad y contingencia, acto y proceso, historia y acontecimiento” (Bensaid, 2010).

Fuentes

Albamonte y Cinnati, Más allá de la democracia liberal y el totalitarismo en Estrategia Internacional No. 21, Buenos Aires, 2004.

Badiou, Alan, Ética, ensayo sobre la conciencia del mal, México, Embajada de Francia, 2004.

Bensaid, Daniel, “La política como estrategia” en Herramienta, No. Electrónico. Disponible en http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-24/la-politica-como-estrategia. Consultado en enero de 2015.

 

Bensaid, Daniel, Marx intempestivo. Buenos Aires, Herramienta, 2003.

Chingo, Juan et Barot, Emmanuel, “Enjeux conceptuels et debats strategiques sur la revolution a venir au sjuet du dernier essai du Comite Invisible A nos amis” en Revolution Permanent No. 14. Janvier 2015. Disponible en http://www.ccr4.org/Enjeux-conceptuels-et-debats  Consultado en enero de 2015.

Comité invisible, À nos amis, Paris, La fabrique, 2014. Para una crítica al balance y perspectivas del comité.

Derrida, Jacques , “Hay que comer o el cálculo del sujeto” Confines. No. 17, Buenos Aires, December 2005.  Disponible en http://www.egs.edu/faculty/jacques-derrida/articles/hay-que-comer/. Consultado el 22 de febrero del 2015.

Dussel, Enrique, “Sobre la juventud de Marx. A propósito de una traducción reciente” Disponible en https://marxismocritico.files.wordpress.com/2012/04/dussel-joven-marx.pdf Consultado el 21 de enero del 2015.

Gilles Deleuze, Conversaciones, Barcelona, Pre Textos, 1999.

Levinas, Emmanuel, Totalidad e infinito, Salamanca, Sígueme, 1987.

Löwy, Michael y Sayre, Robert, Rebelión y melancolía, México, Nueva Visión, 2008.

Trotsky, León, Historia de la revolución rusa, Tomo I, Sarpe, Madrid, 1985.

Žižek, Slavoj, Acontecimiento, México, Sexto Piso, 2014.

Žižek, Slavoj, El año que soñamos peligrosamente, Madrid, Akal, 2013.

 

Žižek, Slavoj, El espinoso sujeto, México, Paidós, 2001.

Žižek, Slavoj, Repetir a Lenin, Madrid, Akal, 2004.

Notas

[1]Žižek se sirve siempre de los tres registros lacanianos: lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. En el quinto capítulo del libro, “Los tres acontecimientos del psicoanálisis”, desarrolla una particular lectura de cada uno que no podemos discutir detenidamente.

[2]La cita completa: “Se llama “sujeto” al soporte de una fidelidad, luego, al soporte de un proceso de verdad. El sujeto no preexiste para nada a un proceso. El es absolutamente inexistente en la situación “antes” del acontecimiento. Se dirá que el proceso de verdad induce un sujeto”  (Badiou, 2004: 49).

[3]De esta posición es sintomática su lectura de Lenin. La clave para Žižek es que aquel se desembaraza del Gran Otro y se compromete con el Acontecimiento, es decir, el Lenin de la revolución de octubre. ¿Pero cómo entender al Lenin de la toma del poder sin al Lenin de la construcción del partido, de la lucha en las fábricas, etc.? Véase (Žižek, 2004).

[4]En un libro previo, donde el autor hace un balance tanto de la “primavera árabe” como del Ocuppy Wall Street, escribe:”…deberíamos retornar de Marx a Hegel, hacia la visión «trágica» de Hegel en la que el proceso social no proporciona ninguna teleología oculta que nos guíe, donde cada intervención es un salto hacia lo desconocido, donde el resultado siempre frustra nuestras expectativas. (Žižek, 2013: 182). Pero deberíamos añadir que a esa apertura fundada en la negatividad del presente, le falta la estrategia como una apuesta práctica. En ese sentido, Bensaïd hacía la distinción entre el oráculo y el profeta: el primero da cuenta de un destino implacable el cual sólo nos queda esperar, el segundo —propio de la política y la estrategia— es una anticipación condicional. Anuncia lo que ocurrirá si… No es fatal, sino que configura la práctica del presente. (Bensaid, 2003: 96)

[5]  Como plantean Albamonte y Cinatti: “Para Trotsky el partido revolucionario busca “arrastrar al movimiento revolucionario (…) a todos los sectores del proletariado, todas sus capas, profesiones y grupos” mediante un sistema de reivindicaciones transitorias, dirigiendo a las masas hacia la toma del poder político y la instauración de un régimen de democracia soviética. En esa tarea debe enfrentar la lucha política con otras tendencias, ya que aunque “el proletariado es la clase menos heterogénea de la sociedad capitalista (…) la existencia de capas sociales, como la aristocracia obrera y la burocracia, basta, sin embargo, para explicarnos la de los partidos oportunistas que se transforman, por el curso natural de las cosas, en uno de los medios de la dominación burguesa”.

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