Abrir el arte a la toma de posición

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Por Violetta Pratz

Figúrese que el arte encarnando la utopía hace juego de espejos en la realidad. Ora se desliza en su materialidad para sacudirse en ella y bailar tejiendo su en sí mismo. Ora  hace suya, desde la producción, esa pretensión liberadora de subjetividad para criticarla… Y, sin embargo, después de todas sus odas sugerentes para «la creación creativa» parece haber caído en la perplejidad de su paradoja, abierta por el capitalismo que, por un lado, es látigo de transformación de sus cánones y, por el otro, por su puerta de salida es mercantilizado y re-compuesto por la industria cultural.

Los deseos, sueños, pasiones, ideas y propuestas de renovación, sumergidos en la planeación económica son todos puestos en el circuito de mercancías al gozar del estatus estético como obra de arte. Y es que con el proceso de autonomización ideológica de las esferas de la vida cotidiana en la modernidad, sumado al encuentro de obtención de plusvalía en el capitalismo, el arte adquirió una liberalización temática que otrora los mecenas dictaban, empero tal libertad sería asemejada a los límites del mercado. Desde luego que dicha relación entre opuestos sólo es permisible como aseveración en el momento capitalista ya que el arte en su prolífica historia ha cumplido otras funciones sociales. Pero ahora, para no hacer más intermedios en los avatares de sus hitos haremos de punto de partida el arte contemporáneo.

Lo realidad es dicha, no descubierta

Un ácido y crítico cuestionamiento fuera el interludio al inicio del siglo XX, haciendo de corte y recomposición, trazos más bien lejanos a la precisión, vuelta de imágenes superpuestas, evanescencia y movimiento, reinvención de los cuerpos circunscritos por la geometría de su abstracción y una poética descarnada de tabúes haciendo introspección de la vida cotidiana para hacer nuevos tejidos líricos de la individuación tan insistida, desmembraron la mimesis labrada con la «belleza» del arte clásico griego, para re-hacer la conciencia sobre la relación arte-artista; el sueño de la anti representación para negar el –progreso- enunciado por la época.

Cézzane decía “Lo visto contiene al que ve”. De la imposibilidad constitutiva de la percepción humana por aprehender la realidad, que no fracasada, se hace un regreso al ser del que después Heidegger anhelaría en su incursión, enunciándolo para no olvidarlo. La fuga de la realidad se había pintado en el contenido de lo representado como verdad filosófica manifiesta, y más aún, el contenido en los ojos de quien lo ve sin ninguna mesura para desdibujar todo criterio de adecuación técnica realista. La ontología de la realidad, al abrir el ser, eran las nuevas intraconexiones visuales del ensayismo daísta, del sueño analítico de la psique para los surrealistas, del escepticismo irónico del momento impresionista; la realidad era dicha no descubierta.

Lo dicho es corolario en Duchamp hasta el pop art y la impronta de obra de arte emblemática de su época que será un continuum en el arte contemporáneo.  De la experimentación de Duchamp con la dimensión residual en sus rady-made, que le permitía el paso de una a otra semántica a través de un representación mediada por la materialidad característica de la producción industrial, confiriéndole un nuevo dominio al objeto gracias a la síntesis que se logra con la fundamentación de nuevas cualidades que lo transforman.

Fuera del canon ¿hay libertad?

Dándole el lugar como obra de arte, Andy Warhol continuó con la autoconciencia de la obra de arte a través de los objetos comunes, dando lugar al uso de múltiples recursos artísticos sin una estructura privilegiada para crear arte, motivando nuevas producciones, que en nada se preocupan por seguir determinadas normas canónicas sino que se sueltan a la multiplicidad de la expresión artística a según su contenido. ¿Abrió el camino a las expresiones pluralistas del arte donde ahora no hay una “receta valorativa” para señalar lo que es arte y lo que no lo es? Es un sí como otrora la liberalización temática alcanzada por el arte moderno, es un no porque al cerrar la brecha entre realidad y arte, el arte quedo sajada por ella. Y entendamos por realidad la del mercado y el arte como su mercancía.

Plegado el arte al modelo capitalista desde la introducción de la reproductibilidad técnica, -anunciada ya por Walter Benjamín en los inicios del fascismo con el proceso de estetización de la política-,  a sus formas de producción con el nacimiento de la cultura de masas y llevado hasta el cierre de las vanguardias con el pop art, ahora se encuentra cruzando aguas en todas direcciones en la búsqueda de nuevas elaboraciones sígnicas que hagan cuando menos de reacción en la actualidad beligerante.

El espacio crítico del arte

No tenemos la pluma más acertada en todo ello, la más cargada de veracidad desde su menor pulso y ni siquiera se trata de ello en medio de la polución de pretensiones de ideas más bien asemejadas a un decir por la simple posibilidad de hacerlo. Para memorizar juegos de preguntas y respuestas como si todo estuviera dicho, escrito y antecedido por la misma acción de pensar, quemando toda toma de posición ante lo enunciado, porque la frase no es más que remembranza en el interpretación al ser escuchada y sólo queda la voz; lo que esta por decir(se), hacer(se), creer(se)… crearse en el (qué) hacer artístico no esta cerrado, pero tampoco se trata de una vuelta al pasado como añoranza del filo utópico del arte que le confería tener una lógica propia lejana a la económica.

El espacio crítico del arte hoy día está jugado por dejar la mistificación ideológica y hacer una toma de posición abriendo la subjetividad, el ser, para hacer y no sólo como simple posibilidad de adquisición, y si hará de su «en sí mismo» de móvil la conciencia de ello debe estar presente.

El arte, herramienta creativa que nacida desde la reconstrucción de la realidad a través de la sensibilidad ha expresado a lo largo de la historia su potencial para subvertir su propia base, la realidad social y expresar látigos de transformación, ahora necesita más que su propia naturaleza expoliada por las modificaciones que el capitalismo depredador ha hecho de suya. La radicalidad de su crítica, para nosotros, es menester de una postura: la nuestra, como adelantará el contenido político entre líneas es la existencia del antagonismo de clases, que en el arte contemporáneo, desde donde nos toca escribir, se ha conformado con su propia ilusión, sus móviles, hybris entre deseo y placer, se escriben para contarse a sí mismos cuando otrora la revolución hubiera motivado sus mas profundos candores.

Y como todo, aunque esto irá a parar a un flujo de información, no queremos dejar de mencionar que, como decía Trotsky, si la cultura y arte son un termómetro de la sociedad, la historia no está escrita y nadie dice que no podamos hacernos de ese termómetro para cambiarla.

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