Clave / Tribuna marxista: la voz de la IV Internacional en Latinoamérica

 

Hace 75 años vio la luz el primer número de la revista Clave / Tribuna marxista. Eran tiempos difíciles. La sombra amenazante de la Segunda Guerra Mundial se cernía en el horizonte.

Un año antes, en 1937, León Trotsky, uno de los principales dirigentes de la Revolución Rusa, había obtenido asilo en esta tierra que fue escenario de la gesta revolucionaria liderada por Francisco Villa y Emiliano Zapata. El revolucionario, el hombre, perseguido por Stalin y sus secuaces, odiado y temido por los principales hombres de la burguesía internacional, llegó así a México, gracias a las gestiones realizadas por el dirigente trotskista Octavio Fernández Vilchis y Diego Rivera, el prestigioso muralista ante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Clave / Tribuna marxista

En el marco de una situación internacional convulsiva, desarrollando febrilmente elaboraciones para presentar una alternativa a los Frentes Populares, a la guerra mundial que se avecinaba, elaborando las lecciones de la derrota de la Revolución Española y preparando la defensa contra los Juicios de Moscú, León Trotsky fundó Clave / Tribuna marxista, junto a algunos de sus colaboradores.

Cuando Cárdenas le concedió a Trotsky la visa para entrar a México fue bajo las condiciones del artículo 33 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, aun vigente, que reza “Los extranjeros no podrán inmiscuirse de ninguna manera en los asuntos políticos del país”. Trotsky aceptó y, de acuerdo con Isaac Deutscher, en su obra El profeta desarmado, mantuvo su compromiso “[y] nunca aventuró opinión alguna sobre la política mexicana […]”1. Además, debió enfrentar las provocaciones del estalinismo mexicano, que no sólo desarrolló una gran campaña de desprestigio contra él para evitar que el gobierno de Cárdenas accediera a darle asilo, sino que también aprovechaba cada oportunidad para montar provocaciones y “denunciar” que violaba las condiciones del asilo2, así como llevó adelante dos atentados, de los cuales el último culminó en su asesinato.

A pesar de todos los obstáculos que enfrentó, en las páginas de Clave León Trotsky pudo expresar su punto de vista ante la convulsiva situación mundial, y a través de la pluma de sus colaboradores se expresaron muchas de las posturas que sobre la política nacional y los fenómenos latinoamericanos tenía la corriente que él encabezaba, de acuerdo con los lineamientos teórico-políticos del marxismo revolucionario.

Descripción general

Esta revista tuvo periodicidad mensual. Se publicó en dos épocas. La primera fue de octubre de 1938 a junio de 1939 y constó de 9 números, con 584 páginas. La segunda fue de septiembre de 1939 a mayo de 1940, con 447 páginas. Hubo un intento de darle continuidad luego del asesinato de Trotsky: se publicó un número de la tercera época, de 49 páginas.

Su aparición fue saludada por The New International3 con estas palabras:

Los dos primeros números de Clave señalan el renacimiento del movimiento marxista en México, tan disperso y desorganizado en los últimos 15 años de decadencia estalinista. Con un formato mejorado a partir del segundo número, la revista ha ganado los elogios de los intelectuales y los trabajadores de la izquierda revolucionaria.

De acuerdo con Octavio Fernández:

Podemos decir con absoluta certeza que Clave fue la revista de Trotsky. Ésta nació de él y sirvió a sus intereses fundamentalmente. De principio a fin, la usó para servir a sus ideas y su obra. Fue él quien tuvo la idea de una revista en español para la formación teórica de quienes comenzaron a simpatizar con el trotskismo en América Latina y ésta superó nuestras expectativas. En muy poco tiempo, tuvimos muchas nuevas relaciones políticas a través de Clave, que se convertió en el centro ideológico y organizativa del movimiento trotskista emergente en América Latina4.

Entre el equipo de colaboradores de Trotsky para la edición de esta revista se contaron Octavio Fernández, Manuel Fernández Grandizo (Munis), Diego Rivera, Jean van Heijenoort, José Ferrel, Adolfo Zamora, Rodrigo García Treviño, Charles Curtiss, George Novack, Juan Luis Velázquez, Liborio Justo, Mateo Fossa, Francisco Zamora, Enrique Espinoza, J. Enrique Blanco Corpeño, Sherman Stanley, Oscar Fisher y Casanova.

Octavio Fernández, en la entrevista ya citada que realizó Olivia Gall, señaló que en la fundación de la revista participaron, en primer lugar Francisco Zamora, quien luego presentó a su hermano Adolfo. Charles Curtiss contribuyó mucho también a organizar la salida de la revista, y en particular a supervisar su impresión, y en cuestiones técnicas fue cualitativo el aporte del profesor Arturo Martínez, quien fue responsable de la corrección y de la distribución de la revista (que era nacional e internacional) por un periodo.

De acuerdo con el testimonio de Adolfo Zamora, Trotsky escribía los artículos en ruso, otros colaboradores los traducían al inglés, y Adolfo Zamora los traducía del inglés al español. Así, desde las páginas de Clave, los redactores dieron a conocer el punto de vista de los impulsores de la IV Internacional, aunque no todos ellos eran miembros orgánicos de grupos trotskistas.

La revista de conjunto constituyó un aporte invaluable para el establecimiento y desarrollo de grupos trotskistas en América Latina, y para dar a conocer el programa y las elaboraciones de la IV Internacional en el mundo de habla hispana.

Reunió en sus páginas la lectura que hacían los marxistas revolucionarios de la estructura económica, social y política de América Latina en general y de México en particular, como la definición del gobierno de Cárdenas como “bonapartismo sui generis”5, junto con posiciones sobre los prolegómenos de la guerra y la derrota de la Revolución Española, entre otras cuestiones.

Resulta muy difícil cuantificar la extensión dedicada a cada tema, ya que los artículos tienen múltiples tópicos. Por ejemplo, en el affaire Rivera (cuando se dio la ruptura del muralista con la IV Internacional) se abrió un debate que cruzó distintos temas:

-La discusión abierta sobre la ruptura en sí de Rivera y su participación en la fundación del Partido Obrero Revolucionario y Campesino6.

Con el más reciente paso de Diego Rivera en la ayuda a la formación de, y tomar el puesto más responsable en el Partido Obrero Revolucionario y Campesino, con un programa y un nombre muy lejos del marxismo, estas diferencias se han profundizado y desarrollado. Así como nosotros valoramos el arte de Diego Rivera, su espíritu revolucionario, creo que debemos hablar claramente. Precisamente por sus cualidades debemos hablar así. Conozco a Diego Rivera desde hace cinco años, y en los momentos difíciles de los primeros días de la IV Internacional en México, cuando su ayuda era muy importante7.

-la crisis de los intelectuales progresistas y los de izquierda frente a la reacción abierta tras la derrota de la Revolución Española.

La reacción actual es probablemente la más profunda en la historia del socialismo, incluyendo no únicamente a los estalinistas sino también a los intelectuales revolucionarios. En mi opinión la profundidad de la reacción puede ser medida cuando comienza a arrastrar a Diego Rivera8.

-polémica contra el accionar de los anarquistas en la Revolución Española, en el marco de un documento presentado por Rivera al Congreso de la Confederación General de Trabajadores.

El papel de Stalin está definido, por supuesto, correctamente, pero en lo que se refiere al papel de los anarquistas es contrario a la verdad. Nadie puede negar que hubo muchos anarquistas, podemos atrevernos a decir que el ciento por ciento de los anarquistas de base, igual que los obreros estalinistas y socialistas, quisieron una revolución social. Pero confundir a estos obreros con los jefes anarquistas, los traidores que aceptaron puestos en los gabinetes burgueses, los cuales ametrallaron a los obreros y campesinos en mayo de 1937 y poner en el mismo plano a los anarquistas en general con los verdaderos marxistas puede únicamente apoyar a los traidores líderes anarquistas e impedir la evolución de las masas anarquistas hacia el marxismo revolucionario a través de su propia experiencia9.

En la segunda época podemos tomar como ejemplo de esta dificultad la cuestión de qué actitud tomar ante la URSS. Un sector del Socialist Worker Party de Estados Unidos (SWP) sostenía que no había nada que defender en la URSS, tras la usurpación del poder por parte del estalinismo, y en particular tras la firma del pacto germano-soviético. En esta polémica10, que podríamos calificar dedicada al tema URSS, las conclusiones que realiza Trotsky sobre el carácter del Estado soviético están entrelazadas con reflexiones sobre el método dialéctico.

El liberal americano, que se ha adaptado a la existencia de la URSS, o, con más precisión, a la de la burocracia moscovita, cree, o creyó, hasta la firma del pacto germano-soviético, que este régimen, en su totalidad, era un “hecho progresivo”, que los repugnantes rasgos de la burocracia (¡naturalmente, existen!), se borrarían paulatinamente y que ese “progreso” moderado y sin sobresaltos quedaba así asegurado.

Un vulgar extremista pequeño burgués se parece a un liberal “progresivo” en que considera a la URSS como un todo, sin entender sus contradicciones internas y su dinámica. Cuando Stalin concluyó la alianza con Hitler, invadió Polonia y más tarde Finlandia, los extremistas vulgares triunfaron: ¡la identidad entre los métodos del stalinismo y del fascismo estaba comprobada! Sin embargo, tropezaron con dificultades cuando las nuevas autoridades invitaron a la población a expropiar a los terratenientes y los capitalistas. ¡No habían previsto en absoluto esta posibilidad! Mientras tanto, las medidas sociales revolucionarias, llevadas a cabo por medios burocrático-militaristas, no sólo no han perturbado nuestra definición dialéctica de la URSS como Estado obrero degenerado, sino otorgado su corroboración incontrovertible. En vez de utilizar este triunfo del análisis marxista para preservar en la agitación, los pequeños burgueses empezaron a vociferar con una ligereza criminal, que los acontecimientos habían refutado nuestro diagnóstico y que nuestras fórmulas no son ya aplicables, que se necesitan nuevas palabras. ¿Qué palabras? Ellos mismos no lo han decidido aún11.

Partiendo de esta dificultad, realizamos una cuantificación en cierto modo arbitraria, clasificando los artículos de acuerdo con el tema que prima en ellos, y a partir de allí calculamos su extensión en espacios. Presentamos los resultados en cantidad de notas y en porcentaje de extensión.

Primera época

Primera época: 147 artículos, extensión 1,385,368 caracteres

Tema

% total

Subtema

Cantidad de notas

% parcial

México

7.91%

Revolución Mexicana*

2

26.20%

Movimiento obrero

12

64.79%

Economía

1

8.78%

Stalinismo

12.50%

Internacional

9

42.06%

Stalinismo mexicano y la URSS

14

57.94%

Revolución Española

11.56%

13

Arte

5.92%

8

Latinoamérica

8.52%

9

Ante Segunda Guerra Mundial

18.87%

Sobre la situación internacional

7

49.79%

URSS

1

3.21%

Oriente

1

3.52%

Latinoamérica

9

36.77%

México

5

6.68%

IV Internacional

16.81%

General

20

90.19%

Latinoamérica

9

9.81%

Estados Unidos

1.00%

4

Francia

3.22%

3

Oriente

2.96%

2

Perfiles

0.57%

2

Teoría marxista

7%

4

Affaire Rivera

1.54%

4

Clave

0.83%

6

Anarquismo

0.79%

2

En total, en la primera época de la revista se publicaron 145 artículos, de los cuales 36 son de León Trotsky, firmados directamente por él, o con seudónimo o sin firma, y 16 fueron escritos por Octavio Fernández Vilchis. De los de León Trotsky, 23 fueron publicados en los Escritos de León Trotsky (1929-1940), Libro 6, por Editorial Pluma, en la década de 1970, que a su vez se tomaron de los Leon Trotsky’s Writings, de Pathfinder Press, publicados entre 1970 y 1974. Muchos de estos artículos no pudieron ser positivamente identificados como suyos hasta que no se revisaron los archivos depositados en la Biblioteca de la Universidad de Harvard, para las ediciones antes mencionadas.

Asimismo, cabe destacar que algunos de estos artículos aparecieron en otras publicaciones trotskistas de la época, como The New International, Socialista Appeal, Lutte Ouvrière y Biulleten Opozitsi.

Señalamos en particular que “La lección de España: última advertencia” (publicado originalmente en Biulletin Opozitsi, núm. 62-63, febrero de 1938 y en Lutte Ouvrière, 27/1 y 3/2/1938) y “La tragedia española” (publicado originalmente en Biulletin Opozitsi núm. 74, febrero de 1939, y Socialist Appeal, vol. III, núm. 6, 10/2/1939) fueron incluidos en compilaciones de escritos de León Trotsky sobre la Revolución Española.

En septiembre de 1938 se estableció el Buró Panamericano y del Pacífico. Antes de la conferencia de la fundación de la IV Internacional, se realizó una preconferencia del hemisferio oeste. Allí, de acuerdo con Alexander12, se adoptaron una serie de resoluciones sobre Latinoamérica, incluyendo dos presentadas por Diego Rivera, que fueron luego publicadas en la revista Clave, primera época, en los números 2 y 3: “El desarrollo de Latinoamérica: propuesta para tesis sobre Latinoamérica” y “La lucha de clases y el problema indígena”. Fueron éstas de las primeras elaboraciones de la IV Internacionales sobre la cuestión indígena y el problema de la tierra en Latinoamérica.

Por otra parte, el Programa de Transición fue difundido por primera vez en esta revista, en los números 3 y 4, diciembre de 1938 y enero de 1939 respectivamente.

La perspectiva de la Segunda Guerra Mundial, la derrota de la Revolución Española, las elaboraciones sobre Latinoamérica y México y declaraciones e información sobre la IV Internacional estuvieron entre los principales temas de la revista.

Segunda época

Segunda época: 67 artículos, extensión 949,857 caracteres

Tema

% total

Subtema

Cantidad de notas

% parcial

Segunda Guerra Mundial

19.08%

Internacional

8

58%

Oriente

2

2.16%

Latinoamérica

1

2.32%

México

4

18.40%

Clave

1

0.28%

Pacto germano-soviético

12.12%

4

URSS

24.40%

10

IV Internacional

19.79%

Declaraciones ante SGM

2

61.16%

General

5

23.69%

España

2

8.55%

México

1

4.65%

EE. UU.

1

1.94%

Filosofía

5.93%

4

Latinoamérica

1.54%

3

México

12.30%

Revolución Mexicana

1

10.26%

Nacional/Movimiento obrero

6

47.30%

Refugiados españoles

3

11.13%

Stalinismo

3

31.29%

EE.UU.

2.01%

1

Affaire Rivera

0.46%

2

Perfiles

1.55%

1

Clave

0.34%

1

Asesinato de León Trotsky

0.14%

1

De los 67 artículos que integran la segunda época de Clave, Trotsky escribió 12, los que representan 33.13% de la revista, mientras que Octavio Fernández elaboró 8, 6.88%, en ambos casos medido en extensión. Asimismo, 7 artículos fueron fueron publicados por Ed. Pluma en Escritos León Trotsky (1929-1940).

Es claro que la segunda época estuvo signada por la Segunda Guerra Mundial, y por la gran conmoción internacional que provocó la firma del pacto germano-soviético. Tan es así que estos temas ocuparon un poco menos de la mitad de las revistas. Producto del pacto, y de la intervención de la URSS en la guerra, sectores de la IV Internacional empezaron a cuestionar la defensa de las bases sociales del Estado soviético. Una gran crisis se abrió en el Socialista Workers Party de Estados Unidos (ver nota al pie núm. 19). Por eso, otro tema muy importante fue la cuestión de la defensa de la URSS. La mayoría de los artículos sobre este tema fueron compilados junto con correspondencia entre Trotsky y los dirigentes estadounidenses en 1941 en el libro En defensa del marxismo.

Si se suman las dos épocas, el porcentaje de extensión de las elaboraciones de Trotsky es de 39.14%, mientras que Octavio Fernández escribió 5.91%.

El único número de la tercera época incluía tres artículos sobre el estalinismo, uno sobre el asesinato de Trotsky (de Natalia Sedova) y tres sobre la IV Internacional, uno de ellos titulado “Trotsky y la Teoría de la Revolución Permanente”, firmado por Grandizo Munis. El heroico intento de darle continuidad a la revista en esa hora negra del trotskismo, con la desaparición del líder que impulsó esta organización revolucionaria internacional, cerró el número con estas palabras:

En la Argentina, los grupos de la IV internacional habían organizado un mitin en memoria de Trotsky. Las autoridades lo prohibieron.

En Australia, la organización trotskista ha sido puesta al margen de la Ley. Nuestros camaradas lograron organizar en la calle un mitin en contra de la guerra. Ha habido registros en las casas de los principales dirigentes y detenciones.

En Canadá y todos los Dominios Ingleses ha sido prohibida la prensa de la IV internacional. No podían decir otro tanto los estalinistas13.

Estas concisas palabras ilustran claramente el difícil periodo que tenía por delante la IV Internacional y las condiciones que enfrentaron sus militantes para dar continuidad a la tarea iniciada por el gran revolucionario ruso.

Al hacer una primera investigación, revisando la prensa trotskista de la época publicada en Estados Unidos, llegamos a la conclusión de que una parte importante de los artículos elaborados por León Trotsky fueron publicados por primera vez en español en Clave, y luego se publicaron Socialist Appeal y The New International. En otros casos, sucedió al revés.

El elemento curioso de esto es que cuando se publican los Escritos León Trotsky 1929-1940, por Editorial Pluma, en Bogotá, en la década de 1970, se traduce de la versión en inglés de los Writings, de Pathfinder Press. Así, los artículos de Trotsky se escribieron originalmente en ruso, luego se tradujeron al inglés, después al español para publicarlos en Clave, luego al inglés para la prensa trotskista estadounidense –parece ser que Rusell Blackwell (miembro de la primera generación de trotskistas en México, conocido como Rosalío Negrete) colaboró en la traducción–; de allí los tomaron para los Writings, y luego fueron traducidos nuevamente al español para la versión colombiana de los Escritos. Que tanto se alteraron los originales, es muy difícil saberlo. Tal vez haya quienes en un futuro se aboquen a esa tarea.

Con grandes esfuerzos, en un contexto internacional convulsivo, marcado por la víspera de la Segunda Guerra Mundial y su desarrollo, y por la persecución y saña contra Trotsky y sus seguidores por parte del stalinismo y los gobiernos imperialistas, quienes publicaron esta revista de alguna manera encontraron la forma de pedir ayuda a amigos y simpatizantes para financiarla. De acuerdo con Alberto Fernández (hijo de Fernández Vilchis), además de algunos artistas e intelectuales como Juan O´Gorman y Salvador Novo, Antonio Hidalgo y hasta el propio Múgica se contaron entre quienes aportaban dinero para hacer posible la publicación.

Es muy destacable que en algunos números de Clave se publicaban llamadas a la colaboración con aportes financieros de la publicación de simpatizantes, lectores y amigos, cuestión indispensable para mantener la independencia política, así como al envío de artículos de los distintos países adonde llegaba.

Clave frente a la guerra

La perspectiva de la Segunda Guerra Mundial y luego el estallido de la misma constituyeron algunos de los principales temas de Clave, como planteamos más arriba, y en la revista se dieron a conocer en español por vez primera importantes documentos de Trotsky y de la IV Internacional cuyo tópico era la conflagración mundial. ¿Pero cuál era el punto de vista desde el que abordaba esta cuestión el marxismo revolucionario?

Trotsky ya desde el fin de la Primera Guerra Mundial se abocó al análisis de las contradicciones que habían quedado sin resolver, como la cuestión de qué imperialismo detentaría la hegemonía mundial, en el marco de que Inglaterra ya no podía hacerlo y EE. UU. aun no lo había logrado, pero perfilaba hacia ese rol en el escenario internacional, la disputa entre Francia y Alemania por la hegemonía en Europa, la de EE. UU. con Japón, y la de todas las potencias imperialistas con la URSS, para recuperar esos territorios para el capitalismo. En palabras de Trotsky:

La vida del capitalismo monopolista de nuestra época es una cadena de crisis. Cada una de las crisis es una catástrofe. La necesidad de salvarse de esas catástrofes parciales por medio de murallas aduaneras, de la inflación, del aumento de los gastos gubernamentales y de las deudas prepara el terreno para otras crisis más profundas y más extensas. La lucha por conseguir mercados, materias primas y colonias hace inevitables las catástrofes militares. Y todo ello prepara ineludiblemente las catástrofes revolucionarias14.

Ya desde sus primeras páginas, Clave se pronuncia contra la guerra que se avecinaba y desarrolla la línea política a seguir en países imperialistas, en colonias y semicolonias, en países ocupados por el nazismo y en la URSS. En este breve recorrido, nos centraremos en particular en la política revolucionaria frente a la guerra en colonias y semicolonias, y en el análisis del carácter del conflicto mundial. Así, en la primera época, en el primer número de la revista, el cuerpo de redacción proclama:

Los estalinistas y toledanistas, instrumentos del imperialismo franco-anglo-yanqui, tratan de arrastrar a México para que luche con ese bando imperialista. Luchar por la “democracia” de Inglaterra, Estados Unidos y Francia, gobernados por los imperialistas que intentan mantener a México y a todas las colonias y semicolonias en un estado de servidumbre y sobrexplotación, equivale a pedir a los esclavos que combatan en beneficio de sus amos.

Obreros y campesinos de México: Negaos a luchar a favor del imperialismo, no importa que sea “democrático” o fascista. No prestéis ningún servicio a quienes explotan y oprimen a México. Luchad contra el imperialismo15.

Señaló así la posición revolucionaria que era necesario mantener en los países coloniales y semicoloniales frente a la conflagración mundial.

Trotsky denunció una y otra el carácter reaccionario de la guerra imperialista y develó la farsa de pretender oponer la democracia contra el fascismo, y llevar así a las masas populares a ser carne de cañón de los gobiernos imperialistas “democráticos” como el inglés, el francés o el estadounidense, política impulsada por la Internacional Comunista.

Luchar contra el fascismo estando en alianza con el imperialismo es lo mismo que luchar, estando en alianza con el diablo, contra su cola o sus cuerpos.

La lucha contra el fascismo exige ante todo la lucha contra los agentes del imperialismo “democrático” de las filas de la clase obrera. Sólo el proletariado revolucionario de Francia, de Inglaterra, de América y de la URSS, después de haber declarado a su propio imperialismo y a su agencia, la burocracia de Moscú, es capaz de despertar las esperanzas revolucionarias en los corazones de los obreros alemanes e italianos y al mismo tiempo, unificar alrededor de sí los centenares de millones de esclavos y semiesclavos del imperialismo en todo el mundo. Para asegurar la paz entre los pueblos hay que derrocar al imperialismo bajo todas sus máscaras. Sólo la revolución puede realizar esto. Para prepararla hay que oponer implacablemente los obreros y los pueblos oprimidos a la burguesía imperialista y unificarlos en un solo ejército revolucionario internacional. Esta gran tarea emancipadora está realizándose ahora solamente por la Cuarta Internacional16.

En el número 2 de la revista, desde México, el fundador del Ejército Rojo reafirma la naturaleza de las disputas interimperialistas que desembocarían la Segunda Guerra Mundial:

La enorme y creciente desproporción entre el peso específico de Francia y de Inglaterra –sin hablar, siquiera, de Holanda, de Bélgica y de Portugal– en la economía mundial, y las dimensiones grandiosas de sus posesiones coloniales es una fuente de conflictos mundiales, es un fermento de guerras exactamente igual que la insaciable avidez de los “agresores” fascistas. Mejor dicho, los fenómenos de uno y de otro género no son más que caras diversas de una sola moneda. Las democracias “pacifistas”, Inglaterra y Francia, se apoyan sobre el aplastamiento de los movimientos democráticos nacionales de centenares de millones de hombres en Asia y en África, para obtener de ellos, enormes sobre-beneficios. Por otra parte, Hitler y Mussolini prometen ser “buenos” si reciben territorios coloniales suficientes.

Los Estados Unidos, gracias a la posesión casi absoluta de todo un continente con riquezas naturales inagotables, y por el juego de circunstancias históricas favorables, han extendido su dominio sobre el mundo, de una manera muy “pacífica” y “democrática”, si no se toman en cuenta detalles como el exterminio de los indios, el robo de la mejor parte de México, el aplastamiento de España, la participación en la Guerra Mundial, etc.

Sin embargo, este método “idílico” de explotación ya pertenece al pasado. La putrefacción rápida y terrible del capitalismo americano le plantea el problema de vivir o de morir, en una forma militar cada vez más acusada17.

En números posteriores de la revista, se publicaron lineamientos del marxismo revolucionario para formular un programa obrero en distintos países y regiones del mundo donde la respuesta frente a la guerra adquiría rasgos particulares. Como ejemplo, citamos un fragmento de la declaración del Comité Ejecutivo del Buró del Servicio Internacional Africano, del 25 de septiembre de 1938:

Hermanos de África y descendientes de africanos, ¿qué democracia, qué libertades, qué derecho tenemos en estos “gloriosos” imperios de Gran Bretaña, de Francia, de Bélgica, de Portugal, etc., que nos exigen ahora nuestra sangre para defenderlos? Nuestros opresores rapaces y sin piedad nos han robado nuestra tierra, destruido nuestra civilización e impuesto en su lugar un régimen peor que el de la esclavitud. Nos encierran en nuestros propios países, nos acorralan como rebaño en campos de concentración, nos obligan a llevar tarjetas de identificación como criminales comunes y nos pagan salarios de hambre. […]

¡Denunciemos a toda la pandilla de ladrones europeos y esclavizadores de los pueblos coloniales: nazis alemanes, fascistas, italianos, demócratas británicos, franceses y belgas! todos son lo mismo, ¡EXPLOTADORES IMPERIALISTAS!

Mientras nosotros deploramos la guerra y la ruina que ella causa, los trastornos de Europa son la oportunidad de África. Los negros en todas partes, bajo cualquier bandera, en la guerra como en la paz, sólo conocen un objetivo: LA INDEPENDENCIA. Hacemos un llamamiento a nuestros hermanos de todas las partes del mundo para que no se dejen engañar por las promesas mentirosas que harán los imperialistas. Hacemos un llamamiento a todos vosotros para que os organicéis y estéis listos para aprovechar la oportunidad cuando ella se presente18.

En esta declaración no sólo se convoca a los africanos a oponerse contra la guerra, sino que llama a la unidad con otros pueblos oprimidos coloniales como los indios, los ceilandeses, los burmanos y los árabes. Este manifiesto hace un llamamiento especial a los trabajadores blancos, de las potencias imperialistas, para luchar hombro con hombro contra la burguesía de sus países. La unidad de la clase obrera en el plano internacional es una necesidad tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, pero adquiere un carácter vital en estos últimos. El internacionalismo proletario se revela en toda su estatura ante los conflictos bélicos.

La segunda época inicia luego del estallido de la guerra, como mencionamos en párrafos anteriores. La Segunda Guerra Mundial fue la protagonista indiscutible de sus páginas. Entre los documentos publicados destacan el “Manifiesto a los pueblos oprimidos de América Latina, de Asia y de África” y el conocido como “Manifiesto de Emergencia”. En el primer documento se afirmaba:

La guerra que devasta en estos momentos los campos de Europa y que muy pronto habrá de abarcar el mundo entero, no es la vuestra. Esta es una empresa de los grandes ladrones, a fin de resolver quién habrá de ser el amo del mundo en el futuro próximo. Pueblos de Asia, de África y de América Latina: ¡Aprovechad la guerra de ellos para despertar! ¡Sólo hay en el mundo una guerra nacional que sea justa: vuestra guerra! ¡La guerra que sólo vosotros, pueblos oprimidos y esclavizados podéis pelear: guerra contra los banqueros e imperialistas de Europa, de Estados Unidos y del Japón; guerra por nuestra independencia nacional!19

Unas líneas más adelante, este manifiesto llama a los pueblos oprimidos a luchar por su emancipación, contra los gobiernos imperialistas:

deben recuperar sus riquezas nacionales que les fueron robadas por los capitalistas extranjeros; deben recuperar sus tierras, con el derecho de trabajarlas libremente; deben recuperar los grandes medios de producción y los monopolios absorbidos por los imperialistas extranjeros; deben recuperar la libertad de la que fueron privados por los señores feudales nacionales, aliados con los bandidos imperialistas extranjeros20.

Y el documento cierra con un llamado a la unidad con los trabajadores de los países imperialistas, para luchar juntos contra la guerra y por la revolución socialista internacional.

Sin embargo, la lucha por el internacionalismo proletario ante la guerra no era suficiente. Ante este escenario convulsivo, tras la bancarrota de la III Internacional, la IV Internacional se fundó en septiembre de 1938 con el ambicioso objetivo de “superar la crisis histórica de la dirección revolucionaria”21. De acuerdo con Gabriela Lizt “A pesar de las terribles condiciones de la situación internacional, su pilar eran las perspectivas revolucionarias que Trotsky avizoraba al final de la conflagración internacional (o incluso antes) y la necesidad de centralizar los esfuerzos y los fundamentos teórico-políticos para conducir a estas revoluciones a la victoria de la revolución proletaria internacional”22.

En esta época primó ante todo la necesidad de forjar una corriente obrera revolucionaria a nivel internacional: un programa sin personas que lo encarnen, que lo difundan, que intenten llevarlo a la práctica, no es nada. Jean-Jacques Marie, en Trotsky / Revolucionario sin fronteras, señala la coherencia de la política del gran revolucionario ruso en el terreno político-organizativo con la teoría de la revolución permanente, basada en la concepción de la economía mundial, considerada “[…] no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales. 23

Trotsky, en elaboraciones posteriores, llega a la conclusión de que “[…]En nuestra época, que es la del imperialismo, es decir, de la economía y la política mundiales dirigidas por el capital financiero, no hay un solo partido comunista que pueda establecer su programa tomando sólo o principalmente como punto de partida las condiciones o las tendencias de la evolución de su país24.

Anclado en el análisis del imperialismo, fase superior del capitalismo, el internacionalismo lejos de ser un “valor” o “principio” abstracto, moral, es la expresión programática y política del carácter internacional del desarrollo de las fuerzas productivas y con él, de la unidad orgánica de la economía, la política y la lucha de clases en nuestra época, que se concretan en el concepto de revolución mundial. Como señala Trotsky en distintos escritos, “el internacionalismo marxista, el cual, por su parte, es inseparable del carácter permanente de la revolución internacional”25. Ser consecuentes con esta comprensión significa buscar las vías para construir una dirección una dirección revolucionaria internacional. Y esta monumental tarea sólo se puede llevar a cabo sobre la base de una respuesta adecuada a dos problemas vinculados entre sí: la crisis de subjetividad del proletariado y la crisis de dirección revolucionaria.

La razón de ser de Clave

En síntesis, hasta ahora ubicamos la aparición de la revista en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial y apenas fundada la IV Internacional, sobre la base del internacionalismo revolucionario y de la teoría de la revolución permanente.

Robert Alexander, un académico que investigó la historia del movimiento trotskista, señala:

Además de intentar restablecer una sección mexicana de la IV Internacional, Charles Curtiss tenía la tarea de poner en marcha una nueva publicación en México. Esta fue Clave, que según Octavio Fernández, quien fue su director, fue creada en gran parte como un medio para que León Trotsky expresara sus ideas, a pesar de que lleva muchos artículos de otras personas, así como noticias de la Cuarta Internacional de diversas partes del mundo. El propósito principal de Clave consistiría en ser un órgano a través del cual Trotsky podría presentar artículos en español, que más tarde se podrían traducido a otros idiomas y publicado en todo el mundo26.

Sin embargo, tras la lectura del conjunto de esta publicación, creemos que la revista fue un paso más allá. Llegamos a la conclusión de que Clave fue un intento, en gran medida exitoso, de romper el aislamiento político de Latinoamérica a partir del desarrollo de las secciones de la IV en el continente. Así, Clave fue concebida por Trotsky y sus seguidores como una herramienta teórico-política del internacionalismo proletariado.

Pierre Broué, gran historiador del movimiento trotskista, en su artículo “Le mouvement trotskyste en Amerique Latine”27 escribióSimplemente tengamos en cuenta que se trataba de romper un aislamiento político peligroso del continente latinoamericano, al menos hasta el momento de preparar las condiciones para la reconstrucción de una sección en México, Trotsky impulsará la publicación de Clave.”

Los tentáculos de Moscú se extendieron por todo el mundo a través de la GPU. Dirigentes y militantes de la IV Internacional fueron asesinados –como León Sedov y Rudolf Klement, uno de los principales organizadores de la conferencia de fundación de 1938– perseguidos, encarcelados y enjuiciados en la URSS, Europa, China, Ceylán, India y hasta EE. UU. La dirección de la IV Internacional se trasladó de París a Nueva York. Ya previo al conflicto mundial, era difícil mantener la comunicación entre las distintas secciones nacionales. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las dificultades se incrementaron. Este aislamiento del que habla Broué era material: con la mayoría de los países de Europa convertidos en campos de batalla, sólo se mantenían algunas comunicaciones gracias a Sherry Mangan, corresponsal extranjero de revistas de la época, y gracias también a la gran abnegación de 150 marineros estadounidenses que consiguieron pasar correspondencia entre distintos países, todos militantes del SWP, sección estadounidense de la IV Internacional.

De acuerdo con lo señalado en Clave, la revista tenía suscriptores en Chile, Argentina, Perú, Colombia, Cuba, Europa, Estados Unidos y distintos puntos de México. Siguiendo a Pierre Broué, que pudo acceder a la Colección satélite de Octavio Fernández en la Houghton Library, la existencia de Clave contribuyó al surgimiento de la sección boliviana, con José Aguirre, Asbun y Lora, en 1938 nace la sección uruguaya dirigida por Esteban Kichich, presidente del sindicato de metalúrgicos en 1940, quien se cree que pudo tener como seudónimo Esteban Vililitch, suscriptor de la revista; en Panamá, Diógenes de la Rosa recibía la revista, en Puerto Rico, Luis Bergne Ortiz y parece ser que llegaba hasta San José de Costa Rica. Según Broué, no llegó literatura trotskista a Santo Domingo, Haití, Venezuela, Paraguay, Honduras y Nicaragua antes de 1940.

Los jóvenes grupos de la IV Internacional en Latinoamérica no tenían la tradición marxista de los grupos europeos: la mayoría de ellos había surgido a fines de la década de 1920, o a inicios de la de 1930. De alguna manera, participaron de la lucha política en el seno de los Partidos Comunistas de sus países durante y después del VI Congreso de la Internacional Comunista, en 1928. Así, estas fracciones de oposición en Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Cuba fueron expulsadas de los partidos comunistas en distintos momentos. Por otra parte, en Bolivia y Uruguay, los primeros grupos trotskistas parece ser que surgieron ya por fuera del PC.

En el informe a la Conferencia de mayo de 1940, se señala que el movimiento cuartainternacionalista estaba en “en camino de su organización político-organizativa”. Allí se hace mención a la existencia de grupos en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Cuba, México y Puerto Rico, y de pequeños núcleos e individuos en Cali (Colombia), Panamá, Perú y otros países de Centroamérica. En algunos casos había dos o tres grupos por país que solicitaban ser admitidos en la IV Internacional, pero todavía no estaban claras las diferencias políticas que existían entre ellos. El departamento latinoamericano (DLA) era el organismo de la IV Internacional encargado de coordinar y ayudar a las secciones de este continente, pero aun era muy débil y estaba golpeado por la crisis del SWP antes mencionada, y por otra crisis, la de la sección francesa. En la conferencia se resolvió fortalecerlo y que brindara más ayuda a los grupos latinoamericanos, en especial al grupo portorriqueño, ya que la isla era, como hoy, una dependencia colonial de Estados Unidos28.

Así, a pesar de las grandes dificultades de la época y de las debilidades de la dirección de la IV Internacional, el hecho de que Trotsky se exiliara en México y decidiera junto a sus colaboradores lanzar la revista Clave contribuyó a impulsar los primeros pasos de los grupos latinoamericanos revolucionarios.

Por una dirección revolucionaria internacionalista

Durante los últimos años de su vida, Trotsky concentró su energía en construir la IV Internacional, cuestión vital para una revolución socialista victoriosa. Así, intentó hacer participar a las jóvenes secciones nacionales en las cuestiones de organización y en los grandes problemas de la época. La revista Clave / Tribuna marxista constituyó una gran herramienta para ese objetivo.

En una carta a la Oposición española, Trotsky afirmó que “Sin criterios internacionales, sin lazos internacionales regulares, sin control sobre el trabajo de cada sección nacional, la formación de una verdadera organización revolucionaria proletaria es imposible en nuestra época”29.

Clave / Tribuna marxista, una revista de combate revolucionario, de lucha política sin cuartel contra el chovinismo nacionalista que surgió ante la Segunda Guerra Mundial, y contra la política conciliadora y los ataques del estalinismo, constituye así un inspirador ejemplo de la práctica internacionalista.

Bibliografía consultada

Alexander, Robert J.: Trotskysm in Latinoamerica, Stanford U.P., 1973.

Anguiano, Arturo, Guadalupe Pacheco y Rogelio Vizcaíno: Cárdenas y la izquierda mexicana, Juan Pablos Editor, México, 1975.

Bradu, Fabienne: André Breton en México, FCE, México.

Broué, Pierre: Trotsky, 1988, edición digital en Marxist Internet Archives/français.

Deutscher, Isaac: El profeta desterrado, Ediciones Era, México, 1969.

Gall, Olivia: “Huella de palabras: Clave a tiempo” en El Buscón, núm. 13, 1984.

Gall, Olivia: Trotsky en México y la vida política en el periodo presidencial de Cárdenas (1937-1940), Ediciones Era, México, 1991.

Lizt, Gabriela: “Ensayo introductorio ”, en León Trotsky y otros: Guerra y revolución / Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2004.

1 Isaac Deutscher, El profeta desarmado, Era.

2 Ver en esta edición el artículo “Mis conspiraciones”, p. xx, una declaración de Trotsky ante acusaciones estalinistas en ocasión de su visita a Jiquilpan y Guadalajara. Dicho escrito está citado en la obra André Breton en México, de Fabienne Bradu.

3 The New International, vol. V, núm. 1, enero de 1939. Órgano del grupo denominado Communist League of America, fundado a partir de la ruptura de una fracción del Partido Comunista de Estados Unidos de América. Luego convergieron con el Workers Party, un grupo socialista de izquierda dirigido por A.J. Muste y James Burham y crearon el Socialist Worker Party.

4 Entrevista realizada por Olivia Gall a Octavio Fernández: “Octavio Fernández recuerda”, Cahiers Leon Trotsky, núm. 26, junio de 1986, del Institut Leon Trotsky.

5 Para un análisis en profundidad de esta cuestión, ver el artículo “Trotsky y el cardenismo”, de Pablo Oprinari.

6 El Partido Obrero Revolucionario y Campesino fue fundado a inicios de 1939 por Diego Rivera y trabajadores agrupados en la Casa del Pueblo. De acuerdo con Trotsky, en la “Declaración del Comité Panamericano ante el caso Diego Rivera” se trataba de “Un partido obrero con un llamado programa mínimo es eo ipso un partido burgués. Es un partido que hace que los obreros apoyen la política o los políticos burgueses”. El PROC hizo una alianza con la corriente del general Juan Andreu Almazán, candidato de la derecha moderada en la elección presidencial de 1940. Según Alan Knight: “El almazanismo constituía un punto en el cual se reunían todos los grupos que eran hostiles a la manipulación oficial y criticaban a un régimen que había desorganizado la economía y traído pobreza al pueblo”.

7 Carlos Cortez: “Una carta sobre la renuncia de Diego Rivera”, Clave núm. 7, primera época, abril de 1939.

8 Idem.

9 Idem.

10 De acuerdo con Gabriela Liszt en su ensayo introductorio al libro Guerra y revolución, “La definición del carácter de clase de la URSS, su relación con la usurpación del poder por una camarilla burocrática y la de ambos con la situación internacional, era clave para definir la actitud de los revolucionarios no sólo frente a una posible invasión sino para precisar las tareas que se debían plantear internamente los oposicionistas rusos (aunque por la represión estalinista habían quedado reducidos a una pequeña minoría) así como las de los que estaban en los países imperialistas circunstancialmente aliados a la URSS. De la definición que se diera del Estado, dependía no sólo si se lo defendería como a toda nación oprimida de un ataque imperialista, sino si ésta defensa tenía una grado de cualidad diferente basado en la propiedad nacionalizada y la economía planificada y en la supervivencia de la primera revolución proletaria como referente para el proletariado mundial.” Cabe destacar que esta polémica terminó con la ruptura de un sector del SWP, liderado por Schatman y Burnham.

11 León Trotsky: “Fragmentos de dialéctica materialista”, Clave núm. 6, segunda época, febrero de 1940. Los escritos que elaboró Trotsky sobre la defensa de la URSS, en parte publicados en Clave, donde aparecieron por primera vez en español, fueron recopilados más tarde por el SWP bajo el nombre En defensa del marxismo y se publicaron por primera vez en 1941.

12 Robert Alexander: “Fourth Internationalism in Latin America”, en Trotskysm in Latin America, Stanford U.P., 1973.

13 Clave núm. 1, tercera época, mayo de 1941, p. 49.

14 León Trotsky: El capitalismo y sus crisis, “El marxismo y nuestra época”, 26/2/39, CEIP León Trotsky, Bs. As., 2008, p. 297.

15 “México no debe ir a la guerra imperialista / Declaración del cuerpo de redacción”, Clave, primera época, núm. 1, octubre de 1938.

16 León Trotsky: “A propósito de la situación internacional”, Clave, primera época, núm. 1, octubre de 1938. Publicado también en Socialist Appeal, 1º de octubre de 1938, vol. II, núm. 40. Del inglés se tradujo al español años después y se publicó con el título de “Frases y palabras” en el libro 6 de los Escritos León Trotsky (1929-1940), Editorial Pluma, Bogotá, en la década de 1970.

17 León Trotsky: “Una lección recientísima / A propósito del carácter de la próxima guerra”, primera época, núm. 2, noviembre de 1938. Publicado también en New International, vol. IV, núm. 12, diciembre 1938 y en el Bulletin Oppozitsi, núm. 71, noviembre de 1938. De la versión estadounidense se tradujo al español y se publicó con el título “Una lección reciente / Después de la ‘paz’ imperialista de Munich” en el libro 6 de los Escritos León Trotsky (1929-1940), Editorial Pluma, Bogotá, en la década de 1970. Esta versión se incluyó en León Trotsky y otros: Guerra y revolución / Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2004.

18 “Los negros contra la guerra imperialista”: publicado en Clave, primera época, núm. 8, mayo de 1939.

19 Buró Panamericano y del Pacífico. Subsecretario de la Cuarta Internacional: “Manifiesto a los pueblos oprimidos de América Latina, Asia y África”, Clave, segunda época, núm. 2, octubre de 1939.

20 Buró Panamericano y del Pacífico: op. cit.

21 León Trotsky: “La guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, Clave, segunda época, núm. 10-13, junio-septiembre de 1940. Publicado también en Socialist Appeal, 19 de junio de 1940. De esta versión en inglés se tradujo de nuevo al español y se incluyó con el título “Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial” en el libro 6 de los Escritos León Trotsky (1929-1940), Editorial Pluma, Bogotá, en la década de 1970. Esta versión se incluyó en León Trotsky y otros: Guerra y revolución / Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial, CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2004. El manifiesto fue adoptado por la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, celebrada del 19 al 26 de mayo de 1940 en Nueva York.

22 Gabriela Lizt: op. cit.

23 León Trotsky. “La revolución Permanente”, en La teoría de la Revolución Permanente. (Compilación), CEIPLT. Buenos Aires, 2000. Pág. 402.

24 León Trotsky. “Crítica al programa de la Internacional Comunista”, en Stalin, el gran organizador de derrotas (La III Internacional después de Lenin), Volumen 1, Obras escogidas, Buenos Aires, CEIP-Museo Casa de León Trotsky, 2012.

25 León Trotsky: “Tesis de la revolución Permanente”. La teoría de la Revolución Permanente. (Compilación), op. cit.

26 Robert Alexander: Trotskysm in Latinoamerica.

27 Cahiers Leon Trotsky, núm. 11, septiembre de 1982, del Institut Leon Trotsky.

28 León Trotsky: Escritos latinoamericanos, tercera edición: “Informe sobre América Latina a la Conferencia de mayo de 1940”.

29 León Trotsky: “Los deberes de la Oposición española”, 7/3/1932, en www.fundacionfedericoengels.org.

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