Quiénes somos

Presentación

El 26 y 27 de septiembre del 2014, la barbarie parecía superarnos. Varios estudiantes normalistas fueron agredidos, asesinados y otros 43 fueron víctimas de desaparición forzada a manos de los cuerpos represivos. Al día siguiente, el cuerpo inerte de Julio César Mondragón y su cara desollada, recorrieron viralmente las redes sociales y la prensa internacional. Desde aquellas aciagas fechas, los normalistas y sus familiares se han convertido en la encarnación de la tragedia social que la llamada “guerra contra el narcotráfico”, acicateada por la dominación imperialista, ha traído a los más desposeídos de este país.

Esta fue la chispa que detonó la serie ascendente de movilizaciones multitudinarias que tomaron las calles de todas las capitales del país para denunciar, a una sola voz: ¡Fue el Estado! ¿Quiénes son los movilizados? Vimos desfilar y compartir una misma rabia a los trabajadores telefonistas, universitarios, tranviarios, del magisterio y otros sectores. Vimos también desfilar a las organizaciones populares y campesinas, a las organizaciones de izquierda, a las clases medias progresistas, amas de casa, pequeños comerciantes… Y de manera contundente, fuimos testigos de imponentes contingentes estudiantiles y juveniles, vibrantes de energía y combatividad que habían parado sus escuelas para salir a movilizarse. Y es que desde el 2012, con la emergencia del movimiento #YoSoy132, la juventud mexicana —hija de los trabajadores, los campesinos y las clases medias— está asumiendo un lugar central en la movilización. Ha salido a luchar contra la antidemocracia y el regreso del PRI, pero también a solidarizarse con el magisterio combativo en el 2013, y fue la que sintió más hondo el agravio contra los normalistas porque muchos, todos ellos, la mayor parte, son estudiantes o trabajadores precarios.

Las vastas movilizaciones, el descontento existente con la barbarie capitalista, el odio contra la opresión que reflejan, por ejemplo, los jornaleros de San Quintín, los síntomas todavía iniciales de una posible emergencia del movimiento obrero, abren hacia adelante la posibilidad de que emerja el México bronco y profundo.  Ante eso, está planteada de forma urgente la necesidad de que una perspectiva política radical y revolucionaria se haga fuerza material en una herramienta política. En ese camino, forjar un marxismo militante, que ponga las armas de la crítica al servicio de demostrar implacablemente el carácter de este sistema capitalista y desnudar la ideología que lo avala y defiende, es fundamental. Armas de la Crítica surge entonces como parte de esa tarea impostergable en este momento clave de México, que se enmarca además en nuevas tendencias a la crisis capitalista internacional y de los combates de los oprimidos y explotados que desde hace varios años se desarrollan en muchos países.

Este primer número de Armas de la Crítica está dedicado a analizar, desde el marxismo, la intempestiva movilización popular que sacudió el segundo año de mandato de Enrique Peña Nieto, sus límites y perspectivas. Es un intento por desentrañar algunas de las causas profundas que, como dice el movimiento, han convertido al país en una fosa clandestina.

Contamos con un dossier sobre José Revueltas (a propósito de su aniversario) y varios artículos de economía, de situación internacional, ciencia, arte, diversidad y política, como podrá verse en el Sumario; además presentamos un nuevo programa de investigación sobre la historia del movimiento obrero en México. Lo nuevo es que los artículos que aquí presentamos fueron escritos en su mayor parte por jóvenes de entre 19 y 25 años que han abrazado con gran entusiasmo la militancia en el marxismo revolucionario. Todos ellos fueron activos durante el movimiento #YoSoy132, la lucha de solidaridad con el magisterio y, más recientemente, en las jornadas por Ayotzinapa.

Con ellos hemos puesto en pie esta revista militante —que cuenta además con la participación, en el Consejo Asesor, de intelectuales y militantes solidarios con este proyecto en México y otros países— cuyo objetivo es recrear las ideas del marxismo revolucionario para sacarle su máximo filo en el siglo XXI.

Desde nuestro punto de vista, yace aquí la posibilidad de forjar una nueva intelectualidad marxista que, recuperando la tradición, asimilando críticamente los errores y lecciones del pasado y desembarazándose del escepticismo de las décadas previas, se ponga como objetivo poner sus ideas al servicio de los explotados y oprimidos, de compartir su destino con el de los trabajadores  para abrazar, en plena comunión, el horizonte de la revolución socialista y poder así tomar el cielo por asalto.

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